dimecres, 16 de novembre de 2022

Sin atenuantes para la malversación


Como decía un periodista, malversar es robar, y si entran a robar en mi casa, no me planteo si el fruto del robo lo van a utilizar para comprarse un piso o para ir a una discoteca o para comer, y si he sido víctima de un robo exijo que al ladrón le caiga todo el peso de la Ley.

Ahora el Gobierno quiere marcar diferencias dependiendo de para quién se roba el malversador. 


Si se roba/malversa y lo robado no acaba en el bolsillo del ladrón, es un atenuante, a pesar de que el latrocionio y el saqueo se lleve a cabo contra las arcas del Estado, que es dinero de todos los españoles. 


Pero por muy atenuante con que se quiera disfrazar la modificación del Código Penal, un ladrón/malversador es un ladrón, robe para él o para un tercero, por ejemplo en beneficio del partido político al que entregará el botín, y que algunos dirigentes utilizarán para moverse en la senda de la corrupción.


Quiero recordar aquí el caso que en 1989 llevó al Vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra a dimitir por la supuesta malversación que cometió su hermano, y que desató, como ahora, el debate de si no es el mismo delito si se malversa lucrándose personalmente o si se hace para el partido.


O sea que esos delincuentes confesos y sentenciados y sus compinches, por obra y gracia plenipotenciariamente llevada a cabo por interés presupuestario de Pedro Sánchez, con el fruto del dinero que han maversado/robado, van a poder seguir viviendo a cuerpo de rey y a lucrarse y cometer nuevas fechorías con total impunidad.


Creo que Pedro Sánchez debería reconsiderar la reforma del delito de sedición y del de malversación, pues con esa modificación está renunciando a la visión de Estado de la que presume, pero que no demuestra, pues está supeditando aquello de “juntos somos más fuertes”, a los intereses de aquellos que precisamente quieren destruir el Estado aprovechando que, con aparente seguridad, el objetivo de Pedro Sánchez es mantenerse en el poder y no desde la coherecia de la responsabilidad y, aunque se puedan considerar sus políticas positivas en líneas generales, ¡no todo vale!

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