dijous, 17 de novembre de 2022

¡Nunca mais! Pero de verdad


Estuve días después de aquel 13 de noviembre de 2002 en la zona del desastre que había provocado el hundimiento del Prestige, hace ahora 20 años, tomando conciencia de cómo había quedado el litoral gallego tras la catástrofe medioambiental de aquellos “hilitos de plastilina” de Rajoy convertidos en chapapote.

Recuerdo la conversación con el farero de Cedeira, también político local, que me regaló una visita guiada por la zona, mostrándome los efectos del vertido en aquel lugar, con rocas rebozadas de negro petróleo que voluntarios intentaban limpiar, acompañándome también en algunas conversaciones con vecinos de la población.


Mientras limpiaba el caparazón de una centolla que había puesto en mis manos el patrón de la Lonxa, (reconozco que fue el único chapapote que retiré), y mientras me explicaba los perjuicios que sufrían los pescadores por el desastre, pensaba en lo acertado del grito que seguía la marea solidaria que se extendió por todo el Estado.  ¡Nunca mais!


Pero nunca dejo de asombrarme, y tampoco en aquella ocasión, pues después de un aperitivo se desataron las lenguas y se alcanzó el nivel de las confesiones.


Aquel Nunca Mais fue un deseo no cumplido, tal y como se ha podido comprobar durante estos 20 años, pues se ha producido más de un accidente con resultado de vertido y contaminación.


Pero es que aquel Nunca Mais no era un deseo compartido, pues según uno de los pescadores afectados, a partir de aquel momento, gracias al Prestige y al desastre medioambiental provocado por el chapapote, iban a vivir estupendamente, pues el gobierno gallego les iba a dar una paga compensatoria; de hecho hasta su esposa reclamaba una como redera, a pesar de que hacía muchos años que no ejercía esa actividad.


Un vecino me comentaba que “a pesar de ser socialista iba a votar a ese Fraga que les concedía una prestación”

¡¡¡Por interés te quiero Andrés (o Manuel)!!! 

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