diumenge, 6 de novembre de 2022

La crítica, imprescindible en política


Huyen de la crítica como el gato lo hace del agua caliente, y como felino panza arriba se defienden de algo que, para cualquier responsable político en democracia, debería ser una herramienta indispensable para desarrollar con garantías y solvencia la gestión para la que han sido elegidos.

Pero su consciente mediocridad hace que consideren la crítica ciudadana como un ataque a su propio ego, y al igual que actuaría cualquier dictador soberbio e endiosado, utilizan los mecanismos más ruines y zafios para silenciar las voces de los que no coinciden con ellos o que entienden que no actuan como debieran.

Y para ello lanzan a sus huestes de estómagos agradecidos a desacreditar a cualquiera que osa cuestionar alguna de sus actuaciones, sin importarles de qué lado impera la razón, aunque paradógicamente reconocen implícitamente, que hay suficientes razones para cuestionar a los políticos “criticados”.


Es algo fácilmente comprobable en la Redes Sociales, cuando a los pocos segundos de comentar una situación criticable el lacayo de turno, mamporrero de salón, sale a la palestra a defender de no se sabe qué, a aquel que lo tiene sodomizado. ¿Será cuestión de algoritmos?


A cualquier político le preocuparía que no hubiese crítica a su gestión, pues sería la demostración de que están sumidos en una profunda irrelevancia provocada por su ineptitud, pero eso no les preocupa pues su prioridad no es dar las respuesta necesarias a las inquietudes de los ciudadanos para mejorar su bienestar, sino perpetuarse en un poder de falsos dioses con pies de barro.


No entienden que la crítica les permite ser los buenos políticos sue presumen ser, pero que no son, pues su falta de permeabilidad, cualidad que debería ser innata como elemento necesario e imprescindible, únicamente puede suplirla la voz de la ciudadanía.


Si fuesen consecuentes y valientes, y no simplementes “desertores del arao” venidos a màs, impulsarían el ejercicio de la crítica para conocer lo que la ciudadanía espera de ellos, aunque para ello deberían ser conscientes de que las urnas les han legitimado para ejercer la responsabilidad, no el poder.



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