dijous, 24 de novembre de 2022

Contra la violencia, PEDAGOGÍA


No seré yo quien niegue la mayor, pues por los datos se debe reconocer la existencia de violencia de género, machista, vicaria o sexual, como lo quieran llamar, aunque repito que no me gustan esas definiciones como tampoco que se considere que este tipo de violencia en España como un problema estructural, aunque muy probablemente la solución pase por afrontarlo como tal.

Lo que no cabe duda es que las medidas que se han tomado hasta este momento, basadas únicamente en la punibilidad, son totalmente ineficaces, y las modificaciones legales o endurecimiento de las penas sirve, en todo caso para castigar la comisión de un delito puntual no para combatir el conjunto de ellos pues, como está sobradamente demostrado, quien ejerce este tipo de violencia es consciente de lo que está haciendo, siendo reincidente en muchos casos.

Es lógico concluir que el agresor es consciente de lo que debe pagar y está de acuerdo, pues en algunos casos él mismo se “entrega” para que le cobren, pues debe considerar que el castigo que le puede caer es justo y responde al “placer” que le produce cometer un acto de violencia, sin olvidar que el precio a pagar es algo subjetivo, dependiendo de la valoración personal de cada persona.

Si es así, como lo es, teniendo en cuenta que la punibilidad no elimina la agresión e incentiva la reincidencia, proyectando una especie de impunidad que puede calar peligrosamente en la sociedad, ¿cabe contemplar al alza una pena revisable parametrando la garantía de la reinserción? 

Y repito, “peligrosamente”, entendiendo la facilidad con que circula la información que llega con naturalidad a la juventud etiquetando como de normalidad la violencia.

Sólo incidiendo en el sector “joven”, impulsando campañas pedagógicas, se podrá avanzar en la erradicación de esa psicopatía que algunos ejercen y que otros quieren convertir en una especie de virus social.


 

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