dimarts, 11 d’octubre de 2022

SFG. Imaginemos la playa


¿Qué ciudad queremos?
Fue la pregunta que aquel Consell Econòmic i Social de Sant Feliu de Guíxols que se constituyó como órgano de participación ciudadana hace algo más de 20 años, y que no obtuvo una respuesta que permitiese marcar una hoja de ruta de futuro, pues eran muchos los intereses que impedían un punto de encuentro consensuado, aunque se salió del paso afirmando que nuestra ciudad debía trabajar para tener un turismo sostenible, pues nuestra economía se basaba en la industria turística.

¿Pero qué turismo queremos? Eso no lo teníamos claro.

¿Familiar, cultural, de “borrachera”, de abuelos, deportivo, ciudad dormitorio, …?

Pensaba, y así lo manifesté, que fuera cual fuera la decisión que se tomase, debía ser la mejor ciudad de sus características, pero teniendo claro qué era lo que Sant Feliu podía ofrecer para conseguirlo; y aquí debíamos ser sinceros. La oferta para cualquier tipo de turismo era limitada, pues no teníamos grandes elementos naturales como “banderín de enganche” que invitase a convertir el turista ocasional en un visitante reiterativo.

No quedaba más remedio que fabricar una oferta para conseguir un elemento diferenciador al del resto de poblaciones de nuestro entorno, pues la realidad es que nuestro atractivo natural se había reducido al “sol y playa” que compartíamos, pues era el mismo mar y sol que tenía, por ejemplo, Platja d’Aro.

Y a pesar de que algunas propuestas generaban rechazo por ciertos sectores, he seguido viendo las posibilidades de la playa y del sol de Sant Feliu, dibujándome una oferta turística que respondiese a la mayoría de los intereses sin dejar fuera a nadie, haciendo connivente al resto de la ciudad, y dando importancia a la playa urbana por cuestiones de ubicación, demográficas y de servicios, que no obviando el valor de Sant Pol.

Y siendo Regidor de Turismo seguí dando rienda suelta a mi imaginación, consiguiendo que alguna de las propuestas se hiciesen realidad, aunque pocas debo reconocer, por cuestiones competenciales y económicas.

Me imagino una playa a disposición de los bañistas en toda su longitud, sin impedimentos en forma de atraques de pequeñas embarcaciones varadas en la arena, sin ofertas comerciales de actividades de temporada que ocupan un espacio que podría estar utilizado por los bañistas.

¿Por qué no utilizar el varadero para esas actividades complementarias?

Ma imagino una playa accesible.

Me imagino una playa abierta y cuidada todo el año, no sólo en época estival.   

Me imagino una playa con servicios, tanto sanitarios como de vigilancia.

Me imagino una playa con una biblioteca y una guardería/ludoteca de pequeño formato.

Me imagino una playa con chiringuitos de calidad, que como proyección del Passeig del Mar y el del Guíxols, inviten al visitante a disfrutar de la bahía, en cualquier época del año.

Imaginar es gratis, y sólo me imagino haber podido disponer, en mi etapa de Regidor de Turismo, de los recursos económicos que dispone el actual Equipo de Gobierno.

 

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