divendres, 14 d’octubre de 2022

¿Por qué estereotipar a la Guardia Civil?


Creo en las personas y en su libre albedrío; en el hombre como individuo partícipe de una colectividad que interactúa en ella desde su propia libertad respetando la del vecino, y por ello mi utopía personal, social y política no está condicionada a ningún tipo de estereotipo, sino todo lo contrario.

Cuando a través de las redes sociales. el pasado 12 de octubre felicité a la Guardia Civil en el día de su patrona, la Virgen del Carmen, me sorprendieron las manifestaciones de algunos amigos, con los que tengo muchas coincidencias, criticando y casi recriminando que hiciese un reconocimiento explícito a la Benemérita, pues entendían que era un cuerpo paradigmático de violencia institucional contra la sociedad, calificando su actuación como estructural, palabra altisonante de la que interesadamente se abusa para estereotipar delitos colectivos.

Mi respuesta fue la misma de siempre, desde el convencimiento de que “se mata cuando se tiene voluntad de matar” o “uno es corrupto cuando se tiene la voluntad de serlo”.


Nadie obliga a nadie a traicionar sus valores o principios y convertirse en delincuente, a pesar de formar parte de un colectivo donde abunden asesinos o ladrones, aunque entiendo que deben también contemplarse las consecuencias posteriores.


De hecho, conozco a muchos miembros de los cuerpos policiales, amigos y familiares, que nada tienen que ver con la violencia estructural que se menciona, lo que me permite la licencia de afirmar que es diametralmente falsa.


Como anécdota, que ya expliqué en alguna ocasión, viví muy de cerca, por circunstancias muy especiales, una manifestación desde el interior de un furgón policial de los “grises” en la Rambla de Barcelona, y puedo asegurar con conocimiento de causa, que los antidisturbios que recibieron la orden de cargar para dispersar a los manifestantes, después de sufrir insultos, piedras, golpes y vejaciones durante mucho tiempo oyendo un sistemático “¡aguantar, aguantar!” que les ordenaba su jefe, salieron utilizando porras y fusiles con dureza pero, también puedo asegurar, que la mayoría de ellos hubiese preferido hacer uso de “mano izquierda”.


Y siguiendo con las anécdotas que pueden echar por tierra la teoría de la violencia estructural estereotipada, viví la negativa de unos agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que en aquel sótano de una comisaría de Vía Layetana cerca del Ritz, hoy ya desaparecida, se negaron a cumplir las órdenes del inspector para darles un “escarmiento suave” al grupo de jóvenes, yo entre ellos, que habíamos sido detenidos gritando libertad.


Si había agentes que aceptaban repartir bofetadas era por voluntad propia, no por ser un “reparto estructural”


Como trabajador del Puerto de Barcelona y como responsable sindical, tuve relación estrecha con muchos números de la Guardia Civil, y como dice un amigo, de todo había, pero a pesar de la fama perniciosa que algunos alimentaban, eran franca minoría los que deambulaban sigilosamente entre contenedores, nueces y latas de piña, por lo que era una falacia la estereotipación estructural.


Y como también he comentado en alguna ocasión, fui detenido por la Guardia Civil en dos ocasiones actuando como sindicalista en el puerto, y fue curiosamente un Brigada con el que me unía cierta amistad y coincidencias sindicales (los dos teníamos relación con el cabo Rosa), quien me colocó las esposas.


Alguien podría haber entendido que la Guardia Civil del Puerto de Barcelona era estructuralmente antisindical.


Y no se pueden descontextualizar las actuaciones de los cuerpos de seguridad del Estado, pues el tiempo, el lugar y las circunstancias también deben ser tenidas en cuenta.


Por ejemplo, la coyuntura social y política de República no es la misma que la del 36, del 39 o del 75, como tampoco lo era la de Euskadi, con ETA como protagonista o ahora. 


Estos hechos coyunturales mediatizaron, sin duda, las actuaciones de la Policía Nacional, Local y Guardia Civil, y no son suficientes para estereotipar y convertirlas en estructurales.


Y seguro que hoy sigue habiendo algún “desertor del arao” como los definía mi padre, vestidos de verde o azul que desearían vencer su complejo de inferioridad con prácticas seudo sadistas, pero son un número insignificante que ya no tienen cabida en un cuerpo altamente valorado, como la Guardia Civil, y que no merece ser estereotipado por nada y por nadie, sino simplemente valorado en su conjunto

 

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