divendres, 28 d’octubre de 2022

No quiero inmigrantes

De por sí el título ya puede dar lugar a muchas interpretaciones, pero soy consciente de ello y no rectifico: “no quiero inmigrantes en mi país pues, a mi entender, acoger a personas etiquetándolas como emigrantes no es más que una muestra de falsa e hipócrita solidaridad.


Yo simplemente quiero que en mi país solo recalen seres humanos que vengan por voluntad propia, pricipalmente a disfrutar de nuestra oferta, desde el derecho fundamental a la libre circulación que todas las personas deberían poder ejercer.


Estoy convencido de que nadie siente satisfacción alguna por abandonar su casa, y si alguien lo hace por obligación es porque huye de una situación insostenible, por violencia o por falta de recursos que le impide subsistir, aunque creo que las campañas para acoger a estos seres humanos en otros países no contribuyen a solucionar el problema, sino al contrario, lo enquistan.


Abriendo las puertas a las personas que huyen es, simplemente, aplicar medidas para combatir una enfermedad que tendría grandes posibilidades de curación si se actuase en su origen y no, cuando por dejación u omisión,  hemos dejado que una leve infección derivase en septicemia.


Cuando un ser humano llega huyendo se le otorga, por solidaridad y/o humanidad, el tratamiento de refugiado, suministrándole automáticamente lo necesario para poder subsistir temporalmente. 


Es después, cuando se decide que ese estatus ha caducado, que al refugiado se le etiqueta como emigrante, adjetivándolo normalmente como ilegal, lo que se traduce en un injusto “pan para hoy y hambre para mañana”, con lo que hemos conseguido que ese ser humano vuelva a caer en la precariedad de la que huía, con la diferencia que ahora debe hacerlo desde un paìs extraño y que ha dejado de protegerlo después de haberlo acogido.


En mi modesta opinión el fenómeno de la migración descontrolada es la continuidad del fracaso de la comunidad internacional ante estas situaciones, aunque sospecho que no es solo incapacidad y falta de decisión, sino que también hay cierta dosis de interés económico y político para que el problema siga vivo.


Simplemente me reafirmo y rechazo la inmigración, y como tal creo que deberían tomarse medidas para frenarla a corto plazo, y perseguir a aquellos que han convertido la migración como su modus vivendi, pues es indecente la pasividad con que la sociedad se muestra impasible ante el mercadeo que se está haciendo de esa precariedad colectiva. 


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