dilluns, 22 d’agost de 2022

Aparcamiento, ideado donde la espalda pierde su nombre

Hace ya unos años, ya se contemplaba la viabilidad de construir un aparcamiento en superficie. De hecho recuerdo un sábado, cinta métrica en mano, el Alcalde Josep Vicente, Carlos y yo nos movíamos en el aparcamiento de la Corxera mirando posibilidades, a pesar de que como he manifestado en muchas ocasiones, creo que este tipo de equipamientos son un “mal negocio” para una ciudad, pues es construir una infraestructura artificial que impide gozar visualmente del entorno, que dificulta la movilidad, perjudica el ejercer el “dret a badar”, y que convierte a los ciudadanos en rehén de los automóviles que, paradójicamente, es algo que se quiere combatir.

Hace unas semanas el actual Equipo de Gobierno, huyendo de la permeabilidad vecinal que debería respetar, ha inaugurado una infraestructura destinada a un aparcamiento en superficie, en su primera fase, aduciendo que al necesitar Sant Feliu plazas de aparcamiento, ¡cierto!, decidió construir con recursos propios un equipamiento que será “desmontable” que, sin saber a ciencia cierta lo que es, sólo se puede sacar la conclusión de que no serán plazas fijas, sino que su número variará a capricho del Ayuntamiento.

Y como colofón, para construir el aparcamiento en ese lugar justifican
que será un aparcamiento disuasorio y servirá para pacificar el Paseo.

Evitando algún calificativo que seguro heriría la sensibilidad de algún iluminado, creo alguien ha decidido pensando con aquello hace perder su nombre a la espalda, o bien sus intereses no responden a los de la ciudadanía.

De momento la primera disuasión por la desconfianza que genera el que una construcción nueva se inunde por una lluvia de 4 gotas, y la segunda la sufrirán los vecinos que habrán perdido plazas gratuitas y deberán “pasar por caja”, con gran alegría para las grandes superficies que se amontonan a la entrada del pueblo, y poniendo en peligro la supervivencia del comercio de proximidad.

Y pacificar el paseo sólo podría hacerse eliminando cualquier posibilidad de circulación y aparcamiento, algo totalmente suicida pues, de lo contrario, la gente, como es natural, pagando por pagar, intentará encontrar una plaza de aparcamiento lo mas cerca de su destino, playa o zona comercial, con lo que en lugar de disuadir se esta invitando a que se circule.

Y, como siempre, queda el tema de la gestión de un equipamiento que ha costado una millonada y que, muy probablemente, la ciudad no amortizará pues, según la información, la concesión será a la empresa que gestione también la zona azul, y que estará obligada a que sus trabajadores estén dentro de la consideración de minusválidos que, siendo un acierto social, no lo es económico.

¿Y preguntas?, infinidad. Entre otras

¿Será esta una concesión que explotará un servicio y generará beneficios, o bien será una concesión que deberá mantener el Ayuntamiento?

Y hablando de mantener, ¿se hará cargo la concesión del mantenimiento y vigilancia, o deberá ir a cargo de las arcas municipales?

Sigo pensando que la mejor opción para un aparcamiento era el inicialmente subterráneo lo más cercano posible a la zona comercial y playa, con una construcción cuyo coste sería cubierto por la empresa que lo debería explotar y ya habiendo ya inversores interesados, con la garantía de mantener la estructura y seguridad del paseo.

Eso permitiría destinar recursos a buscar alternativas de aparcamientos en otras partes de la ciudad pues no sólo en el paseo y zona comercial faltan plazas

 

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