dilluns, 14 de febrer de 2022

Permeabilidad

Se lo deberían hacer mirar y no ponerse de perfil ante sus resultados en las elecciones, pues es indigno limitarse a justificarlos poniendo de relieve el de los adversarios y no reconociendo los errores que han cometido.

Hasta tácitamente culpabilizan a los ciudadanos de equivocarse al depositar su voto, como si ese voto no fuese fruto de la voluntad democrática.

¿Pero no entienden esos políticos, que se creen de rancio abolengo, que los resultados de ayer es fruto de la incompetencia, de la mentira, de la falsedad y de la falta de compromisos reales?

¿Pero no entienden esos políticos, que se creen de rancio abolengo, que a los ciudadanos nos generan confianza las políticas cercanas a sus necesidades y que sean permeables a sus inquietudes?

¿Pero no entienden esos políticos, que se creen de rancio abolengo, que la polarización basada en dogmatismos ideológicos y en siglas genera rechazo social?

¿Pero no entienden esos políticos, que se creen de rancio abolengo, y que ahora se quejan de el ascenso de determinados partidos es fruto de la intransigencia basada en cordones sanitarios y en el “no porque no”, es una plataforma promocional par planteamientos radicales y populistas?

¿Pero no entienden esos políticos, que se creen de rancio abolengo, que con esta actitud lejana de prepotencia de clase, están poniendo en jaque la propia democracia?

Soy un socialdemócrata, hombre de izquierdas, pero defensor del centralismo, que nada tiene que ver con el centrismo, y por ello entiendo que ha llegado el momento de asumir compromisos basados en acuerdos prácticos y posibles de aplicar, y creo que todos los partidos políticos tienen propuestas puntuales que recogen las inquietudes de la ciudadanía.

La clase política actual debería dejar de mirarse el “abolengo”, mostrar compromiso y responsabilidad, y dejar de hacernos creer que son los únicos en posesión de la verdad suprema pues lo que están mostrando es una caducidad propia de la ranciedad.   

Como decía un político de principios del siglo pasado, en política uno no puede ser antinada, y lo que marca la pauta y a lo que esos políticos deben responder con toda la permeabilidad posible, es a la voluntad de los ciudadanos.




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