divendres, 4 de febrer de 2022

350 pirómanos

 

Se están cubriendo de gloria, pues el espectáculo que está dando la política española, sobre todo en lo que hace referencia al Congreso de los Diputados, sede de la soberanía popular no tiene calificación posible, a no ser que estemos hablando de una república bananera que no le importa poner en peligro el ejercicio de la democracia.

Supongo que por corporativismo, aquí no se salva nadie de los 350 diputados, sean del partido que sean, pues ya nos tienen acostumbrados a actuaciones esperpénticas, pero los últimos días se han superado a sí mismo, ratificando mi opinión de que los ciudadanos les importamos poco o muy poco.

Empiezan convirtiendo en cuestión de Estado la elección de la canción que representará a España en Eurovisión, proponiendo crear una comisión para que esos 350 diputados analicen el tema,

Siguen proponiendo crear otra comisión para que esos mismos 350 diputados se sienten a analizar y juzgar la pederastia en el seno de la Iglesia Católica.

Cabe preguntarse si España, según el artículo 16.3 de la Constitución, es un Estado aconfesional, ¿por qué se debe llevar al Congreso los delitos cometidos por una religión en particular?

¿Cualquier delito que se cometa en el seno de una determinada confesión religiosa se someterá a juicio de una comisión en el Congreso?

¿Lo normal no sería que si algún católico ha cometido un delito de pederastia se le lleve ante la justicia y no considerarlo como estructural?

¿No deberían los 350 diputados cumplir con su cometido, por el que cobran, y no supeditarse a las comisiones que en la política española tanto gustan?

Porque entiendo que el poder legislativo, por ejemplo, a propuesta del poder ejecutivo, debe elaborar preceptos legales para que el poder judicial pueda aplicarlos con agilidad y objetividad, evitando en la mayor medida posible interpretaciones personales.

Y para acabar la semana, el espectáculo de la aprobación de la mal llamada reforma laboral; y digo mal llamada porque no puede ser considerada como tal si la aspiración y la promesa era la derogación, sino un acuerdo de las bases para afrontar a reglón seguido una negociación, en el seno del Diálogo Social, para modernizar y actualizar un sistema de relaciones laborales dinámico.

Pocas garantías de consolidación y futuro ofrece este acuerdo siendo aprobado por un voto, que se haya supeditado a intereses partidistas y que se haya rodeado de tal polémica que hayan entrado en juego sospechas de corrupción y transfuguismo para su aprobación definitiva.

No quiero ser tremendista pero estos 350 diputados están jugando con fuego y como pirómanos confesos, nos están poniendo en riesgo de quemarnos pues, con esa manera de ejercer la política, están poniendo en peligro nuestra fe en la democracia.

     

 

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