dimarts, 10 d’agost de 2021

Ampliación del Prat. Aterriza como puedas

He seguido con atención y curiosidad la controversia suscitada en torno a la ampliación del aeropuerto de El Prat y sigo pensando, como cuando ejercía de secretario general de Transportes de la UGT, que adolecemos de suficiente visión política para trabajar y proyectar un modelo aeroportuario que contemple la realidad de cada momento, dando respuestas globales a las necesidades reales que la sociedad precisa.

En este momento hay más de 50 infraestructuras aeroportuarias capacitadas para gestionar operaciones con vuelos comerciales, sin contar los numerosos aeródromos que operan con vuelos menores. Algunas de estas instalaciones distan menos de 100 quilómetros entre ellas, con lo que su hinterland carece de toda lógica organizativa, llevando a alguna de ellas a una situación de abandono y degradación antes, tan siquiera, de su puesta en funcionamiento.

Y, desde luego, desincentivando cualquier posible competencia entre ellas para mejorar el servicio al usuario, aunque sí potenciando, como único medio para subsistir, el sometimiento a aerolíneas particulares a quien se subvenciona con dinero público para que se instalen en algún aeropuerto, aunque estas empresas no dudan en abandonarlo si los beneficios no cubren sus expectativas o reciben más dinero, como sucedió no hace mucho con Ryanair en Girona y Reus.

El tema no es nuevo pero sí recurrente, y a la falta de liderazgo para trabajar en la evolución constante del sistema desde la evaluación global para consolidar un modelo aeroportuario de futuro, afloran los intereses de los diferentes actores que, aprovechando las discrepancias, intentan sacar su particular tajada.

Ni los movimientos que legítimamente se declaran defensores del medio ambiente oponiéndose a esta ampliación, tienen toda la legitimidad para hacerlo, pues sólo hace falta recordar cómo se acalló el movimiento ecologista ante el desvío del río Llobregat, ni tampoco los argumentos empresariales que avalan esa ampliación tienen la suficiente solidez, pues los intereses económicos afectados por el aeropuerto de Barcelona no son plenamente coincidentes con los del empresariado del ámbito de influencia de los aeropuertos de Girona o Reus, por ejemplo, como también se ha demostrado en diversas ocasiones.

Sin negar que la ampliación del aeropuerto de Barcelona sea una necesidad estructural, creo que es mucho más urgente y rentable priorizar la inversión de recursos para que el resto de aeropuertos catalanes pudieran presentar una carta de servicios acorde a su realidad económica y social y que permitiese, ¿por qué no?, convertirlos en pistas complementarias del Prat.

Podría imaginar, por ejemplo, una estación de autobuses movidos con energía renovable y con itinerarios hacia Girona o Barcelona con alta frecuencia de paso, sin olvidar una ansiada estructura ferroviaria que funcionase como un ferrocarril metropolitano.

Estoy seguro de que el coste sería mucho menor y su ejecución más breve que los 10 años previstos para la ampliación de esa infraestructura aeroportuaria.

 

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