dilluns, 19 d’octubre de 2020

Repartir miseria

Prácticamente no se había silenciado la alarma del móvil y ya cruzaba la puerta para acercarse a la entidad bancaria que hacía meses que no visitaba y hacer uso, de manera inmediata, de la pequeña cantidad de dinero que, según el mensaje, le habían ingresado en su cuenta corriente.

Como decía su abuela, hacía tiempo que si entrase un ratón en la nevera se estrellaría pues sólo la pequeña lamparilla le daba algo de vida al vacío electrodoméstico; y es que él prefería dejar para niños y ancianos los productos del banco de alimentos que necesitaban frío para su conservación.

Pero pensaba que esos euros le permitirían respirar con cierta tranquilidad durante unos días y así poder administrar su nulo capital que las circunstancias habían convertido en rojo y que, lamentablemente y a pesar del ingreso, iban a seguir con el mismo color.

Paró en seco y decidió dar media vuelta pues sabía que, de manera subliminal, los estaban convirtiendo en piezas para blanquear una realidad cruel, pues poner al mismo nivel de precariedad a la mayor cantidad de ciudadanos posible para así poder esconder las diferencias entre las diferencias, es realmente torticero.

Decidió que se había acabado el asumir el principio del “mal de muchos, consuelo de tontos” en el que nos están sumiendo, decidiendo que iba a trabajar para que la ciudadanía entendiese que repartir miseria, aunque sea una ayuda no es la solución, sino una injusticia social que merece denunciarse.

Juanjo García

 (Micorrelato seleccionado en el I Concurso de relatos cortos ACEM, denuncia social)


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