diumenge, 16 d’agost de 2020

Sólo la muerte no tiene solución

Era consciente de que su acto provocaría consecuencias inmediatas entre sus familiares, pero precisamente por ellos tomaba una decisión sin vuelta atrás, sin retorno, aunque con la remotísima esperanza de que, en el último momento, antes de cruzar aquella línea que separa la luz de la tiniebla, se produjese un milagro evitando el ya deseado, que no codiciado, final.

Opinando gratuitamente, unos lo tratarían de cobarde o de valiente, pero la verdad es que poco le importaba, pues sólo él conocía los verdaderos motivos para apagar definitivamente su mirada.

Seguro que alguien cuestionaría el mecanismo por el que había optado, sin analizar que la muerte dulce no era la más fácil, sino la que entrañaba más determinación, pues era necesaria una voluntad férrea para seguir hasta el fatal desenlace, al contrario que en un ya iniciado salto al vacío, donde recular es imposible.

Hizo lo que quiso y sólo él fue responsable de aquel acto preparado, meditado y en respuesta a una situación que veía insostenible entendiendo, en su particular fiel de la balanza, que era más valiosa su desaparición que el dolor que causaría, olvidando que “todo tiene solución, salvo la muerte” 

(Microrrelato XL)


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