dilluns, 3 d’agost de 2020

No frivolicemos con la cultura


Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo, y a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones. Afirmando además que según el enfoque analítico que se siga puede ser clasificada y definida de diferentes y diversas maneras.

Desde este punto de vista, en la definición de cultura podría “caber todo”, algo que ha permitido de manera torticera a algunos sectores de la sociedad, “aprovechando” la complicada situación social y económica provocada por la crisis sanitaria de la COVID19, banalizar sobre la cultura, subyugándola a intereses que poco o nada tienen que ver con el desarrollo del juicio crítico que la cultura incentiva en el ser humano.

Aludía Emma Riverola, en un artículo titulado “la cultura no merece tanto desprecio” publicado en el Periódico, a la suspensión de las actividades culturales durante esta crisis, anteponiendo a esta decisión el clamor colectivo de que “la cultura es segura” pues, las actividades culturales han cumplido de manera estricta los protocolos de seguridad.

Siendo así, -que en líneas generales no lo pongo en duda, aunque imágenes quedan en la retina de casos en que no es así-, cabría preguntarse qué entiende cada uno por cultura y si en la defensa que se hace desde diferentes sectores se debe defender con tanta vehemencia algunas manifestaciones que, según definición, pueden considerare como culturales, pero desde la seriedad del momento, deberían quedar excluidas de esa concepción.

Sinceramente no creo que sea de recibo poner al mismo nivel de interés cultural el desarrollo de un espectáculo del Grec, por ejemplo, al de una actuación de una orquesta o grupo en cualquier localidad pues, ni los intereses son los mismos ni la repercusión cultural al desarrollo del juicio crítico del ser humano tampoco, aunque ambos acontecimientos respondan a supuestos intereses culturales, uno más supeditado a la cultura económica o comercial que el otro.

Y, por descontado, a pesar de que los protocolos de seguridad puedan ser marcados “a priori” por los organizadores, pues debe entenderse que de no ser así no estarían autorizados, el grado de cumplimiento, por más de un motivo personal o logístico, no puede ser el mismo.

El hacer una defensa a ultranza de la cultura, ¡que debe hacerse!, sin haber conceptuado aquello que la sociedad debe priorizar como de interés cultural general, nos puede llevar a la frivolización de la cultura, algo que no nos podemos permitir.



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