dilluns, 6 d’abril de 2020

Convivencia intensa


Durante este confinamiento me he solidarizado con aquellos que han de pasar todo este tiempo en la soledad de 4 paredes, pues ha de ser muy duro estar totalmente aislado sin tener ningún contacto con alguien.

Y si es cierto que gracias a la tecnología actual podemos interactuar virtualmente, lo que suaviza esa soledad, no es menos cierto, y así lo creo, que recibir el aliento de otra persona con la que puedas convivir, aunque sea a través de una mascarilla y a 2 metros de distancia, es una necesidad vital de todo ser humano.

Pero esta necesidad también tiene sus inconvenientes pues compartir un espacio vital de condiciones reducidas, como son la gran mayoría de viviendas de los españoles, provoca el tropezón diario que puede desembocar en una discusión, así como el tedio que puede mediatizar la convivencia.

Es indudable que el roce hace el cariño, pero un roce muy intenso como éste, puede producir también quemaduras y heridas, por lo que es necesario hacer un esfuerzo para entender y adaptarse a las necesidades mutuas, y así evitar daños que podrían ser irreparables en un futuro.   

Yo tengo suerte, y lo que podría ser una convivencia realmente difícil, pues me reconozco complicado para convivir sobre todo si no hay posibilidad de escapatoria que permita aquello de “¡que corra el aire!”, se hace completamente agradable y llevadero gracias al carácter y actitud de Gloria, persona con la que comparto espacio intensamente, 24 horas al día, y a la que he de agradecer el esfuerzo que hace para entenderme.


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