dimarts, 28 d’abril de 2020

Aplausos sí. Cacerolada ahora no toca


Llevo saliendo a aplaudir en el balcón de mi casa a los profesionales de la sanidad desde el primer día, aunque bien es cierto que después he querido, como gran parte de los ciudadanos, ampliar ese reconocimiento al resto de personas que durante el confinamiento han estado en primera fila, incluyendo también a aquellos que hemos respetado, con el máximo rigor posible, las medidas que los expertos han diseñado para parar la pandemia.

Las 20 horas zulú se había convertido en un punto de coincidencia entre tiempo y espacio, donde los ciudadanos podían encontrarse para demostrar el convencimiento de que desde la unidad íbamos a salir victoriosos.

Pero hay quien ha visto amenazado su protagonismo y, para minimizar el efecto negativo que representa para sus intereses particulares y partidistas, ha politizado ese acto de manifestación diario, y sin ningún pudor ni ética, desde la manipulación más tosca y zafia, ha intentado manipular la solidaridad y homenaje colectivo que los aplausos representan, a una imagen de apoyo y reconocimiento al Gobierno del Estado, algo total y rotundamente falso, para pasar después al recurso de la cacerolada como forma de protesta “espontanea”.

Yo he salido a aplaudir cada día, cantando el “resistiré” con una voz que no merece ningún halago, pero con el sentimiento íntimo de lucha y agradecimiento, respondiendo con aplausos y alguna que otra lágrima de emoción, a los aplausos de agradecimiento cuando sanitarios, ambulancias, Protección Civil., Policías Locales, Mossos o bomberos hacían sonar sus sirenas al pasar bajo mi balcón, o se ponían a cantar y bailar para, con la sonrisa, hacer algo más agradable esta ya dolorosa situación, dejando al margen el peligro con el que ponían su vida.

No voy a ser yo quien haga el juego a esos insensibles políticos y a sus sumisos acólitos, del mismo modo que no voy a ser yo quien aplauda la gestión que se está llevando a cabo para frenar esta amenaza que, desde mi desconocimiento en virología, epidemiología o sociología aplicada creo que podría ser mejorable, pero tampoco voy a ser yo quien les ayude a romper el mayor vínculo que puede unir a una sociedad, como es el vencer a un enemigo común, en este caso el coronavirus, y que de manera admirable habíamos logrado hacer y hacemos confluir cada día a las 20 horas.

Sólo hace falta mirar las redes sociales para comprobar que estamos ante una campaña política sucia, y donde algunos de esos que hoy son correa de transmisión de las protestas y que se niegan a participar en esos encuentros de reconocimiento y homenaje, demostrando una profunda incoherencia, ayer pedían que no hubiese confinamiento y al día siguiente que sí; o que no se permitiesen desescaladas, como la llevada cabo con la salida de los niños y hoy sí; o que se permitiese trabajar a los no esenciales, para al día siguiente decir que no; o que se quejaban de la actuación de la policía para hoy quejarse de que este fin de semana no había prácticamente agentes de seguridad persiguiendo a los padres.

Vamos, la gata flora, que cuando se la meten grita y cuando se la sacan llora.

Yo voy a seguir saliendo a aplaudir, convencido de que no es con la fractura social, como aspiran a conseguir esos penosos personajes, como frenaremos el virus y conseguiremos reactivar la economía lo más rápido posible y volver a la normalidad.



divendres, 24 d’abril de 2020

Coronavirus. Liderazgo e innecesarios consensos


Viendo y oyendo las ruedas de prensa que, sobre la pandemia, día sí y día también ofrecen los políticos de todos los ámbitos con independencia si tienen algo que aportar, me ratifico en mi convencimiento de que han convertido esta crisis en una carrera mediática con el único objetivo de sacar rédito personal y partidista si el final es positivo o, de lo contrario, que sea el adversario político el que cargue con las consecuencias.

Todos se han convertido en técnicos en curvas, picos, desescaladas, confinamientos y desconfinamientos parciales y totales, con afirmaciones e informaciones contradictorias entre personas del mismo equipo, y que se ponen de manifiesto en el mismo momento que un micrófono les nubla la visión, despertando esa diarrea verbal que al final no es más que verborrea fatua, pero vacía de contenido.

Y no se dan cuenta de que el desconcierto y la inseguridad va haciendo mella en la población, y lo que debía ser un crecimiento exponencial de la confianza en la gestión de la crisis, desde la esperanza de vislumbrar el final cada vez más cercano, se está convirtiendo en una travesía en el desierto donde el único oasis es la agridulce noticia estadística de que “solo” han muerto 367 personas en 24 horas, 73 menos que el día anterior.

Unos fallecidos que, de manera mezquina y ruin, esos políticos han convertido en arma arrojadiza, utilizando hasta acusaciones de asesinato y genocidio, demostrando una falta de empatía con toda la sociedad que no tiene parangón, olvidando que tanta responsabilidad tiene el gobierno como la oposición, pues también la oposición tiene responsabilidad en el gobierno, y que, por ese principio básico, en esta situación no valen reproches ni chantajes, sino aportaciones.

Pero estos politicastros aún van más allá, y se permiten el lujo de negociar con las medidas a aplicar para suavizar la complicada situación en que los ciudadanos estamos sumidos, amparándose en un consenso entre el Gobierno del Estado, -que es quien debe liderar y en teoría lidera la lucha contra el coronavirus- y los gobiernos autonómicos, algo contraproducente pues, como decía una política europea, intentar alcanzar el consenso cuando este no es necesario es una renuncia tácita al liderazgo.

Porque lo que necesitamos ahora es simplemente un liderazgo con toma de decisiones ágiles y expeditivas, aunque no sean del agrado del conjunto de la población y que los ciudadanos y ciudadanas podamos criticar, pero que nos trasladen la seguridad de que vamos todos juntos, porque juntos es el único modo de salir de esta crisis.

Y porque mientras consensuan entre unos y otros, “la casa sin barrer”, y la población obligada a elucubrar qué va a poder hacer o qué no va a poder hacer, sin ninguna certeza, y eso horas antes de que una importante medida se haga efectiva, como ha sido el caso de la salida del desconfinamiento parcial de los niños.

Me pregunto, ¿qué narices debe o quiere consensuar el Gobierno del Estado con los dirigentes políticos de las comunidades autónomas?

¿Por qué el estado debe ceder a las exigencias de determinadas comunidades autónomas, cuando las comunidades autónomas son la representación del Estado en el territorio y se deben a sus criterios y directrices?

Si estamos ante una crisis sanitaria, que yo más bien creo que es social, ¿por qué la convierten en una crisis política, postergando la salud y los intereses colectivos de la sociedad a un segundo o tercer plano?

Ya llegará el momento de pedir explicaciones y depurar responsabilidades, y que aquellos a los que no se les caen los anillos para verter acusaciones de genocidio, asesinato, homicidio o negligencia tengan la paciencia suficiente para esperar a que todo esto acabe para colmar sus expectativas, pero ahora no es el momento de distraer con otras cuestiones a aquellos que tienen la responsabilidad de sacarnos de esta apocalíptica situación.


dijous, 16 d’abril de 2020

Sólo valen los que sirven


Es la voluntad de servicio la que marca la diferencia en el valor de unos y otros, pues quien sirve vale, y no vale quien no sirve.

La complicada coyuntura en la que nos encontramos, y en la que con toda seguridad nos seguiremos encontrando durante mucho tiempo, necesita ciudadanos comprometidos y conscientes que entiendan que las individualidades ya no valen, y que ahora toca trabajar unidos, tanto para salir de ésta como para adaptarnos a un futuro que deberemos reconfigurar entre todos.

Y estoy convencido que no sobra nadie, que todos valemos o deberíamos valer, pues el objetivo es común y necesita el concurso de todos, pues todos estamos obligados a contribuir para alcanzarlo desde el servicio al conjunto de la sociedad.

Ya no podemos permitirnos el lujo de renunciar al egoísmo colectivo que nos obligue repudiar a todos aquellos que siguen empeñados en no servir, y que se dedican a trabajar desde el individualismo, pues no aportan nada por lo que nada valen, y ahora, más que nunca, sólo vale quien sirve.



dimarts, 14 d’abril de 2020

¿España nos mata?


Quería suponer, desoyendo a quien lo conoce personalmente, que era normal que, en aquella entrevista del mes de enero donde Oriol Junqueras sacó de lo más profundo de sí mismo aquel “una mierda, una puta mierda” con el que ponía de manifiesto un odio cerval hacia el estado español, que era la cárcel y la frustración de no ser investido eurodiputado lo que ponía de manifiesto su inusitada agresividad.

Pero el artículo de La Vanguardia muestra la imagen más dura del independentismo, demostrando que aquella llamada a la paciencia y al diálogo que defendía Junqueras, no era más que un disfraz de falso buenismo para venderse como la pieza clave e imprescindible para finalizar con aquello que denominan “conflicto” catalán, y que ellos mismos han creado.

Odio y sectarismo es lo que proyecta ese artículo que, utilizando la mentira de la insinuación rastrera, pretende clasificar de crueldad las actuaciones del Estado ante la crisis del coronavirus, y así poder cambiar aquel “España nos roba” con el que han sobrevivido indecentemente, con el aún más indecente “España nos mata”.

Pero por mucho empeño y esfuerzo que dediquen, no lograrán desviar la atención sobre una realidad indiscutible: que la gestión sobre sanidad y geriátricos en Catalunya es competencia y responsabilidad de la Generalitat; que la acción política sobre ambas ha sido pésima, como así se ha demostrado en esta crisis del coronavirus, y como tácita y explícitamente ha reconocido el MHP Torra; y que ambas áreas están en manos de ERC, partido del que Junqueras es presidente.

Utilizar el tiempo del coronavirus y los estragos que está provocando para auto-enaltecerse, sí que es realmente cruel e indigno, y debería servir para que el independentismo se reinventase.

diumenge, 12 d’abril de 2020

Decisión precipitada



Coincido con aquellos que opinan que las medidas que hoy ha presentado el presidente Sánchez son precipitadas, pero no por el peligro de que se produzcan rebrotes y repuntes de contagios, pues quiero entender que está avalada por asesores del Gobierno, que bien han demostrado que el diseño de sus medidas ha sido y es harto eficaz, sino porque se hacen indicaciones y se marcan criterios de actuación específicos sin dotar a los ciudadanos de los medios para llevarlas a cabo.

Se recomiendan el uso de máscaras, cuando no hay existencia de material.

Se anuncia que los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado entregarán mascarillas a los trabajadores y trabajadoras, pero lo harán cuando ya estén en la calle, habiendo salido de la protección de su hogar.

Los trabajadores y trabajadoras deberán invertir en el desplazamiento a su puesto de trabajo, sin haber cobrado la subvención que les permita pagar por su movilidad.

Las empresas deberán proveer a sus trabajadores y trabajadoras de las medidas de protección a la vez que respetar las normas de seguridad dictadas, en cuanto a distancia y flexibilidad, no siendo complicado entender que, de cumplir esas indicaciones, muchas empresas autorizadas ahora a salir de esa llamada “hibernación”, no podrán reiniciar su actividad.

Pero este razonamiento no pone en duda que la decisión del Gobierno sea acertada y, con mucha seguridad, necesaria pues a mayor tiempo de paralización de la actividad empresarial mucho más difícil será reactivarla, y quizás esta medida que intentan aplicar permita que la economía “trabaje” al ralentí.

dissabte, 11 d’abril de 2020

El Estado debe actuar en connivencia con la sociedad


Indudablemente la necesidad de paralizar la actividad económica no es un capricho del Gobierno, sino la consecuencia de una medida para dar respuesta a la lucha contra el coronavirus, y que ha obligado a tomar decisiones drásticas y contundentes.

Pero la salud y la economía muchas veces son conceptos antagónicos, y entiendo que es realmente complicado encontrar el equilibrio adecuado que permita garantizar, como es el caso, el presente y futuro de nuestra sociedad.

No voy a entrar a valorar si las medidas que ha aprobado el Congreso serán la respuesta eficaz a esta complicada situación, pues en España tenemos reconocidos expertos en economía y epidemiología para que mi humilde opinión valga lo que vale un botón, pero como cualquier ciudadano puedo y debo criticar aquello que siento y percibo, siempre pensando que ya llegará el momento de hacer valoraciones oficiales a tenor de la gestión de esta crisis, poniendo medallas por eficacia o quitando galones por incompetencia.

Creo que solucionar esta emergencia no es solo responsabilidad de políticos, sino que necesita del concurso activo del conjunto de la ciudadanía, y el Estado debe garantizar que los ciudadanos y ciudadanas tengamos facilidades para participar.

Mal nos va si el Gobierno precariza la sociedad y nos hacen caer en el desánimo, pues a un estado de confinamiento como en el que nos encontramos, de por sí durísimo, se le debe acompañar de medidas que faciliten el presente pero, sobre todo, que generen confianza para pensar que el futuro está garantizado, y que como peor vamos a estar es como estábamos hace unos meses, cuando la gran mayoría no conocíamos al “bicho”.

De no ser así los ciudadanos y ciudadanas nos podemos convertir en un verdadero lastre para solucionar el problema, y eso es realmente peligroso.

Los trabajadores deben poder subsistir sin más penurias que las que habitualmente tienen, lo que implica contar con los medios económicos mínimos que les permitan abastecerse sin más problemas que los derivados de la aplicación de los Reales Decretos. O sea, que su líquido a percibir debe ser igual a lo declarado el mes anterior.

Los autónomos deben tener garantizados los ingresos necesarios para subsistir como cualquier trabajador, percibiendo de acuerdo con sus cotizaciones y declaraciones, y eximiéndoles del pago de tributos mientras se mantenga la situación de emergencia.

Los empresarios deben tener la cobertura necesaria por parte del Estado, a manera de aval técnico y económico, para obligarlos a mantener el empleo una vez se vuelva a la normalidad.

Y sin olvidar que todas estas medidas deben ser efectivas desde que se produzca el “hecho causante”, sin demoras ni justificaciones innecesarias que la burocracia de la Administración provoca.

Si el Estado no actúa en connivencia con la sociedad con la suficiente celeridad y contundencia, trasladando seguridad y confianza, únicamente generará confusión, lo que se traducirá en una peligrosa frustración colectiva de impredecibles y peligrosas consecuencias.


divendres, 10 d’abril de 2020

Mis rutinas confinadas


Decía un tripulante de la estación espacial que para pasar un largo confinamiento es importante mantener rutinas, y de confinamientos seguro que este astronauta sabe un montón.

Yo intento mantener mis rutinas, aunque para no caer en el tedio, debo buscar la manera de seguir alimentando cierta capacidad de sorpresa en todas aquellas acciones que hago diariamente de manera consciente y premeditada; acciones con alguna relevancia para mí, aunque tontería para otros.

Todavía legañoso me subo a mi bicicleta, y ante la televisión para vencer el aburrimiento, me propongo cada día añadir algún minuto más a pedaleo inmóvil, sorprendiéndome yo mismo de conseguir ganar tiempo al tiempo.   

Me propuse estrenar diariamente unos calcetines chillones y estrafalarios mientras durase el confinamiento. Ni yo mismo sé cuál vestiré diariamente, es una sorpresa; de hecho, los cojo a oscuras de donde tengo almacenada mi extensa colección. Espero que este confinamiento me permita cumplir mi rutina para conseguir el objetivo.

Bajo a comprar el diario en formato papel, en el establecimiento Empordanet que tengo en el portal de casa. Hoy, viernes de Semana Santa no hay prensa escrita y el establecimiento no ha abierto sus puertas, y echo en falta la rutina de la compra del periódico, así como del breve cambio de impresiones de pocos minutos, con máscara y guantes, que cada día mantengo con la amiga Gema, con la sorpresa que siempre te puede deparar una buena conversación desde una natural complicidad.

Y comprar, cuando toca, el pan en CalaNati, compartiendo con la amiga Pili y el amigo Joan, siempre con una sonrisa en los labios, alguna opinión o confidencia sorpresiva que sólo es realizar entre amigos o familia.

Y las 20 horas, la cita ineludible en “Er Bar Cón de CalaGloria, donde Gloria y yo compartimos los minutos de reconocimiento dedicados a los profesionales de la sanidad y a todos aquellos que están en primera línea contra el coronavirus, sorprendiéndonos cada día por la mayor o menor cantidad de ciudadanos que a esa hora “se quitan el pijama” para compartir aplausos.

Son simples rutinas que me hacen llevar con suavidad este confinamiento.


dijous, 9 d’abril de 2020

Ruines


Dice la RAE que insultar es ofender a alguien con palabras o acciones, lo que puede traducirse como que el insulto es un adjetivo que no se corresponde con la realidad.

Siempre intento huir del insulto, prefiriendo clasificar y definir a una persona de acuerdo con su manera de ser o actuar, aunque el adjetivo le pueda resultar cruel y doloroso, por ello, en este caso, llamar ruines a aquellos que se alegraron cuando saltó la noticia de que Turquía había retenido material sanitario, específicamente respiradores comprados por las CCAA de Castilla la Mancha y Navarra (se olvidaron de decir que también Catalunya era una de las CCAA afectadas), no se puede considerar un insulto pues también, según la RAE, ruin es ser “vil, bajo y despreciable”, y para estos personajes es una adjetivación totalmente contrastada.

Son seguidores del más rancio radicalismo soberanista, actuando como acólitos de aquellos que se mueven en la psicopatía más profunda. ¡Porque se ha de ser psicópata para poner palos en las ruedas en una situación de emergencia como en la que nos encontramos, con miles de muertos en la “mochila”!.

A la noticia de la retención del material y la posterior afirmación de la Ministra de Asuntos Exteriores informando que el material ya no estaba incautado, la reacción de estos ruines fue la burla, la mofa, el insulto y el intento de ridiculizar al Estado español, permitiéndose el lujo de exigir la intervención de la Legión para recuperar el material incautado, demostrando que su ruindad se mueve en el terreno del ejercicio y/o la provocación de la violencia, en clara muestra de incompetencia, pues la violencia es el último recurso del incompetente.

Pero es que además intentaron buscar paralelismo y culpabilidades sin sentido con el “supuesto conflicto territorial” entre Estado, Catalunya y Euskadi, demostrando que les importa muy poco el estado de emergencia en el que nos encontramos, y lo que es peor, la salud de los ciudadanos y ciudadanas, en una ruin falta de respeto hacia las víctimas

Ahora que el material sanitario incautado en su momento por Turquía ya está en territorio español, y que la apuesta por la vía diplomática anunciada por la ministra ha sido la efectiva, por decencia deberían reconocer que estaban equivocados, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, y se dedicaran a aunar esfuerzos en este combate contra el coronavirus.

Si no es así, que dejen de poner palos a las ruedas y simplemente que callen y se queden en casa.


dilluns, 6 d’abril de 2020

Convivencia intensa


Durante este confinamiento me he solidarizado con aquellos que han de pasar todo este tiempo en la soledad de 4 paredes, pues ha de ser muy duro estar totalmente aislado sin tener ningún contacto con alguien.

Y si es cierto que gracias a la tecnología actual podemos interactuar virtualmente, lo que suaviza esa soledad, no es menos cierto, y así lo creo, que recibir el aliento de otra persona con la que puedas convivir, aunque sea a través de una mascarilla y a 2 metros de distancia, es una necesidad vital de todo ser humano.

Pero esta necesidad también tiene sus inconvenientes pues compartir un espacio vital de condiciones reducidas, como son la gran mayoría de viviendas de los españoles, provoca el tropezón diario que puede desembocar en una discusión, así como el tedio que puede mediatizar la convivencia.

Es indudable que el roce hace el cariño, pero un roce muy intenso como éste, puede producir también quemaduras y heridas, por lo que es necesario hacer un esfuerzo para entender y adaptarse a las necesidades mutuas, y así evitar daños que podrían ser irreparables en un futuro.   

Yo tengo suerte, y lo que podría ser una convivencia realmente difícil, pues me reconozco complicado para convivir sobre todo si no hay posibilidad de escapatoria que permita aquello de “¡que corra el aire!”, se hace completamente agradable y llevadero gracias al carácter y actitud de Gloria, persona con la que comparto espacio intensamente, 24 horas al día, y a la que he de agradecer el esfuerzo que hace para entenderme.


dissabte, 4 d’abril de 2020

Saber a quién llamar para una pequeña contribución


Recibo la llamada de una amiga exdiputada que necesita transportar casi 7 toneladas de material sanitario de Bélgica a Barcelona y, aunque sabe que ya no ostento cargo orgánico ni ejecutivo alguno, supone que de mi etapa como Secretari d’Organització de la Federació Nacional de Transports y como Secretari General del Sindicat de Transports, piensa que debo seguir teniendo contactos para facilitar esta acción.

Dicho y hecho, y a los pocos minutos tras una llamada a Joan Muntada, Secretari General del Sindicat de Serveis, Mobilitat i Consum de la UGT, el tema estaba resuelto y una gran empresa de Servicios, Transporte y Logística de la provincia de Girona, ponía a disposición un camión para realizar el mencionado transporte, en inmejorables condiciones.

A la satisfacción de haber colaborado en esta crisis, se une también la satisfacción personal de que, a pesar del paso del tiempo, aún se me considera una persona con relevancia en el sector y que, como siempre y en todos los ámbitos en los que he operado, ha actuado de manera expedita, buscando y aplicando medidas ágiles.

La “modestia es la falsa virtud de los que no tienen otra”, y aquí el amigo Joan Muntada y yo hemos dado suficientes muestras de no necesitar manifestaciones de falsa modestia pues, como es el caso, somos capaces de aportar soluciones rápidas con acciones contundentes.

Y alguien puede pensar que la llamada que he realizado merece algún reconocimiento, y aquí me viene a la memoria aquel cliente que se quejó a su abogado de lo cara que era minuta pues, al fin y al cabo, lo único que había hecho había sido consultar un libro, a lo que el abogado contestó que la minuta no era por consultar el libro, sino por saber qué libro consultar.

Mi mérito no ha sido hacer la llamada, sino saber a quién llamar en la seguridad de que iba a obtener la respuesta necesaria.

divendres, 3 d’abril de 2020

Hacia la segunda residencia. ¡Hoy es delito!



La coincidencia entre la Semana Santa, este año extremadamente extensa, el fin de semana y el confinamiento, torticeramente confundido como época vacacional por algunos malandrines, casi con toda seguridad hará que mañana amanezcamos con la noticia de las grandes retenciones de tráfico, por afluencia de vehículos, que se han producido en salidas de las grandes ciudades.

De hecho, como dice la noticia del Diari de Girona y reconocen las autoridades, hay verdaderos homicidas que llevan utilizando la nocturnidad y alevosía para desplazarse, durante toda la semana, a sus segundas residencias, burlando la vigilancia policial.

La verdad es que no entiendo que estos irresponsables cometan y sigan cometiendo ese grave delito con total impunidad, pues no podemos obviar que para evitar la propagación del virus y frenar el incremento de fallecidos, la Administración tiene la obligación de poner todos los medios a su alcance para que haya la menos porosidad posible en la movilidad de los ciudadanos.

Si la medidas prevención no funciona y los cuerpos de seguridad no han sido capaces de evitar la tentativa de desplazamiento, se deben aplicar todas las medidas coercitivas posibles pues, quien actúa sin atender a las normas establecidas, es simplemente un delincuente, un asesino en potencia, y como tal debe ser tratado, y sobre él debe caer todo el peso de la Ley.

Y es igual que sea “cazado” antes de iniciar su desplazamiento en los límites de su ciudad de origen, o ya en su lugar de destino, pues el homicidio es el mismo, tanto sea en caso de tentativa como ya consumado.

No hay excusas, y soy consciente de que la policía lo hace con los exiguos medios de que en muchos casos dispone, o con la ambigüedad de las órdenes políticas que se dan, pero no hay excusas y la policía debe actuar con total contundencia, de oficio o bajo la denuncia ciudadana, haciendo públicas las actuaciones para frenar a esos malos ciudadanos merecedores de estar “entre rejas”.