dissabte, 14 de març de 2020

Coronavirus: Ineficaz concienciación


Que los madrileños vienen a infectarnos y son unos desgraciados, es uno de los epítetos más suaves que hoy se dedican a aquellos vecinos de Madrid que han optado por colapsar las carreteras de salida y abandonar la capital.

Posiblemente, muchos de ellos, son vecinos que tienen alguna propiedad o alquiler en la costa valenciana y que, como es habitual, se desplazan hacia ella el fin de semana.

O posiblemente “aprovechan” y huyen de la situación de crisis sanitaria, entendiendo que lo mismo da pasar la cuarentena en Madrid que en Denia, obviando que no estamos ante una cuarentena si no ante un confinamiento, que es sustancialmente diferente.

Pero es que no podemos olvidar que somos humanos, con nuestros miedos y nuestras derias, y en estos momentos, a pesar de que las cifras son preocupantes y de que las expectativas no son halagüeñas, sino todo lo contrario, poca población ha sufrido de manera personal los efectos del coronavirus, y eso nos impide ver el problema en toda su extensión.

Más aún, hasta ayer, salvo consejos de prevención y siendo el más importante lavarse las manos y cómo estornudar, la vida transcurría con total normalidad.

Se nos dice que a partir de mañana se nos coartará la movilidad, que los niños no podrán ir al colegio, que deberemos permanecer aislados en un piso de 80 metros cuadrados en plena ciudad, que no podremos ir al parque, ni a espectáculos ni cines temiendo, injustificadamente, que haya escasez de suministros básicos.

Pues si “es a partir de mañana” es del todo lógico que quien tenga la posibilidad no forzada, hoy utilice sus medios y piense, consciente o inconscientemente, que será más llevadera la situación en el pueblo de la costa, en una segunda residencia, donde los niños disfrutarán de más libertad y donde los suministros están garantizados pues el señor Vicente, el de la tienda de la esquina, siempre tiene de todo.

¿Es una actitud irresponsable?, sí, pero también está dentro de la normalidad, pues insisto, hasta ayer, para la gran mayoría de ciudadanos, la vida transcurría con total o casi total normalidad.

Parece que los ciudadanos seamos los culpables de esta pandemia y, en vez de haber buscado soluciones sanitarias y políticas preventivas basadas en experiencias de otros países, ahora debamos ser “castigados” por no estar concienciados de la gravedad, cuando la realidad es que los esfuerzos de concienciación para que los ciudadanos actuemos con responsabilidad han sido totalmente ineficaces.

La experiencia dicta que la prevención se basa en la concienciación de los actores, y esta no se consigue con un decreto de hoy para hoy, del mismo modo que la efectividad de cualquier medida preventiva no funcionará si esas medidas son aplicadas coercitivamente.

De todos modos, si los técnicos y políticos entienden que la vía del “palo” y de la sanción es la única garantista, ¡pues aplíquese ya!, y huyamos de moratorias que lo único que harán será empeorar la situación.


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