dimecres, 25 de març de 2020

Coronavirus, un problema global


Sin ningún género de dudas, la pandemia provocada por el coronavirus es una situación fruto de una globalización a la que todos hemos contribuido a alimentar, a medida que hemos facilitado y avanzado en movilidad y comunicación, ya que hoy en día las distancias no son un una barrera infranqueable.

Siendo un problema global, creo que la crisis del coronavirus debe ser contemplada desde la misma perspectiva y no intentar atomizar las soluciones, pues sería dedicar esfuerzos a batallas perdidas a priori, como si de intentar poner puertas al campo se tratara.

Partiendo de esta lógica, resulta como mínimo curioso, a la vez que absurdo a mi modesto entender, que determinados responsables políticos opten por solucionar lo que ellos deben llamar “su problema”, olvidando que atacando su problema no solucionan lo que es un problema global.

Opino que cerrar fronteras (si existen) y endurecer el confinamiento en zonas determinadas podría ser positivo si se asume que se puede sobrevivir totalmente aislado, pues se estaría condenado a seguir manteniendo ese cierre hasta que el resto de territorios y zonas limítrofes no estuviesen en las mismas condiciones.



dimarts, 24 de març de 2020

Confinamiento ¿Día más o día menos?


Un día más o un día menos, he ahí la cuestión que se me ha suscitado de madrugada (a la hora que alboreaba y sigo alboreando cada día), y que me ha hecho reflexionar un buen rato, hasta que ha regresado Morfeo y me ha obligado a recuperar las ondas REM y seguir así desarrollando mi memoria y mi desarrollo cerebral, pues así se rubrica un buen sueño.

Porque afrontar otro día de obligado y necesario confinamiento sin saber cómo contemplarlo, creo que es harto arriesgado, y nos podría hacer caer en un estado de depresión nada aconsejable.

Explosionar optimismo y confianza, ¡de eso se trata!, y sin cerrar los ojos a una dura realidad que cada día presenta decesos y contagios, como si de la normalidad se tratara, he llegado a la conclusión de que para enfrentarme con garantías psíquicas a los estragos que está provocando este “coñodevirus” debo hacerlo ganando pequeñas batallas diarias, en este caso aguantando estoicamente ese confinamiento que, aunque cruel, es la mejor y más eficaz arma.

Otro día enclaustrado (porque #yosimequedoencasa) se traducirá en que hoy contabilizaré ya 11 grandes victorias, ¡OTRA MÁS! que poco a poco, si todos juntos actuamos como un ejército convencido de nuestras posibilidades, contribuirá a menguar la capacidad destructiva de ese enemigo implacable, y al que cada DÍA MÁS para nosotros a él le supone UN DÍA MENOS de supervivencia.


dissabte, 14 de març de 2020

Coronavirus: Ineficaz concienciación


Que los madrileños vienen a infectarnos y son unos desgraciados, es uno de los epítetos más suaves que hoy se dedican a aquellos vecinos de Madrid que han optado por colapsar las carreteras de salida y abandonar la capital.

Posiblemente, muchos de ellos, son vecinos que tienen alguna propiedad o alquiler en la costa valenciana y que, como es habitual, se desplazan hacia ella el fin de semana.

O posiblemente “aprovechan” y huyen de la situación de crisis sanitaria, entendiendo que lo mismo da pasar la cuarentena en Madrid que en Denia, obviando que no estamos ante una cuarentena si no ante un confinamiento, que es sustancialmente diferente.

Pero es que no podemos olvidar que somos humanos, con nuestros miedos y nuestras derias, y en estos momentos, a pesar de que las cifras son preocupantes y de que las expectativas no son halagüeñas, sino todo lo contrario, poca población ha sufrido de manera personal los efectos del coronavirus, y eso nos impide ver el problema en toda su extensión.

Más aún, hasta ayer, salvo consejos de prevención y siendo el más importante lavarse las manos y cómo estornudar, la vida transcurría con total normalidad.

Se nos dice que a partir de mañana se nos coartará la movilidad, que los niños no podrán ir al colegio, que deberemos permanecer aislados en un piso de 80 metros cuadrados en plena ciudad, que no podremos ir al parque, ni a espectáculos ni cines temiendo, injustificadamente, que haya escasez de suministros básicos.

Pues si “es a partir de mañana” es del todo lógico que quien tenga la posibilidad no forzada, hoy utilice sus medios y piense, consciente o inconscientemente, que será más llevadera la situación en el pueblo de la costa, en una segunda residencia, donde los niños disfrutarán de más libertad y donde los suministros están garantizados pues el señor Vicente, el de la tienda de la esquina, siempre tiene de todo.

¿Es una actitud irresponsable?, sí, pero también está dentro de la normalidad, pues insisto, hasta ayer, para la gran mayoría de ciudadanos, la vida transcurría con total o casi total normalidad.

Parece que los ciudadanos seamos los culpables de esta pandemia y, en vez de haber buscado soluciones sanitarias y políticas preventivas basadas en experiencias de otros países, ahora debamos ser “castigados” por no estar concienciados de la gravedad, cuando la realidad es que los esfuerzos de concienciación para que los ciudadanos actuemos con responsabilidad han sido totalmente ineficaces.

La experiencia dicta que la prevención se basa en la concienciación de los actores, y esta no se consigue con un decreto de hoy para hoy, del mismo modo que la efectividad de cualquier medida preventiva no funcionará si esas medidas son aplicadas coercitivamente.

De todos modos, si los técnicos y políticos entienden que la vía del “palo” y de la sanción es la única garantista, ¡pues aplíquese ya!, y huyamos de moratorias que lo único que harán será empeorar la situación.