dijous, 14 de novembre de 2019

Sí al diálogo con quien quiere dialogar


Serán personalidades de relevancia, pero por muy intelectuales que sean creo que no se enteran realmente de la situación que estamos “sufriendo” en Catalunya, pues confundir negociación con diálogo es caer en la perversidad sutil del discurso independentista.

Aluden a un conflicto entre dos partes, Catalunya y España, cuando la realidad es que son una parte de catalanes los que, erigiéndose en una representación de la sociedad catalana que no tienen, han creado un conflicto artificial.   

Aluden a una supuesta negativa del Estado a dialogar, confundiendo negociación con diálogo, cuando la realidad es que, en líneas generales y desde una reconocida pasividad en algunos momentos, el Estado se ha negado a negociar lo que es innegociable y que para el independentismo es irrenunciable.

No se puede obviar que el Gobierno español no puede modificar unilateralmente la Constitución, esquivando los mecanismos que la propia Constitución pone a disposición para poder ser modificada, lo que hace inviable que se pueda tratar y llegar acuerdos sobre autodeterminación e independencia.

Y aluden a la judicialización de ese “conflicto” político, como si no tuviese especial relevancia el hecho de que se ha vulnerado la ley mediante acciones que, en cualquier estado de derecho, deben ser llevadas ante la justicia, como así se ha hecho.

Las declaraciones que ayer hizo el Vicepresident de la Generalitat Pere Aragonés, las declaraciones del President de la Generalitat en la sesión de control en el Parlament de Catalunya, y las intervenciones de los portavoces de los dos partidos que sustentan el Gobierno, ERC i Junts, dejan patente que el independentismo no tiene intención de entablar diálogo alguno sino que pretende negociar de igual a igual, como si Catalunya no formase parte del Estado español, la aceptación de un inexistente derecho de autodeterminación que permita alcanzar una quimérica independencia, y la impunidad y libertad de los políticos condenados y presos, negando la separación de poderes.

Pero es que además lo hacen desde el chantaje y la vulneración de derechos de los ciudadanos, sumiendo a la sociedad catalana en un estado de violencia carente de sentido y sin justificación alguna.

Creo que poco contribuyen a restablecer la convivencia entre una fracturada sociedad catalana los manifiestos y declaraciones de ciertas personalidades que, amparándose en su reconocido intelectualismo, proyectan el relato falaz del independentismo que, en absoluto, responde a la realidad.