diumenge, 4 d’agost de 2019

Pedagogía para no adquirir el hábito de fumar, no para abandonarlo


Al final todo se reduce a lo mismo, demostrando la simpleza y una real falta de imaginación con la que la clase política se mueve más fácilmente a fin de esconder su incompetencia: Que el ciudadano deba pagar más para sortear una prohibición o sortear un escollo.

Para convencer a la ciudadanía de que fumar es perjudicial para la salud, se coarta la libertad de poder fumar ya no solo en lugares públicos, sino en lugares privados y particulares, apelando al derecho de los no fumadores, pero olvidando el derecho de los fumadores, que también lo tienen.

Y confieso que yo era un fumador empedernido, que dejé de fumar por voluntad y decisión personal, y que en casa fuman todos, salvo cuando están presente mis nietos, porque así lo hemos decidido de manera responsable.

Y reconozco que me gustaría que dejasen de fumar, pero creo en las personas y en el “prohibido prohibir”, estando convencido de que el único modo de conseguirlo es la pedagogía.

Pero claro, eso lleva a pensar, y en vez de convencer para que no se adquiera el vicio, trabajan para que se abandone, y eso es complicado, sobre todo si centran los esfuerzos en poner imágenes y fotografías desagradables, como elemento disuasorio, en los paquetes de tabaco que, paradójicamente compran los que ya tienen el hábito adictivo; o en acotar y prohibir fumar en determinados espacios; o la medida estrella, subir el precio.

O sea que quien tenga posibles podrá fumar, a semejanza de las bulas papales que concede la iglesia, previo el correspondiente pago.

Lo malo es que esta renuncia a medidas pedagógicas y frente a las coercitivas se están aplicando a otros ámbitos, como estamos viendo últimamente: peajes para entrar en las ciudades para combatir contaminación; obligación de utilizar coches nuevos; aparcamientos más caros; zonas de colores de pago.

O sea, que podrán contaminar los que tengan dinero, del mismo modo que podrán fumar los que tengan capacidad económica para hacerlo, y eso no es justo.

Si son valientes y no hay afán recaudatorio y únicamente les mueve interés de salud, ¿por qué no prohíben la venta, elaboración y consumo de tabaco?

Miedo me da aplicar el mismo razonamiento a la circulación de vehículos.

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