dijous, 25 de juliol de 2019

350 indecentes incompetencias


Hoy se han mostrado tal y como hace ya un tiempo están demostrando que son, unos incompetentes que se están abusando de la buena fe y santa paciencia de la ciudadanía.

Y no sólo unos cuantos de los 350 personajes que tienen, pero que no ejercen, el título de diputado en el Congreso.

¡Todos y cada uno de los 350 que llevan meses y meses sin pegar palo al agua, y que ya ni se molestan en disimular!

Sí, todos, tanto los que salen en primera plana y que acaparan el protagonismo mediático, que son pocos, como los que únicamente aparecen para aplaudir con cierta euforia las intervenciones de sus respectivos líderes, aunque no lo merezcan.

Hoy tocaba rubricar la indecencia de seguir manteniendo a más de 46 millones de ciudadanos en el desgobierno, culpabilizando implícitamente a estos ciudadanos de la situación, amparándose en interpretaciones torticeras que solo responden a sus intereses.

Los ciudadanos no hemos votado para que se dediquen a hacer o impedir pactos y acuerdos, pues cada uno de los ciudadanos y ciudadanas que hemos depositado nuestro voto en las urnas lo hemos hecho apostado por la opción que mejor creemos responderá a nuestras inquietudes y defenderá nuestros intereses, tanto desde posiciones de gobierno como desde la oposición, que también es una pieza importante de la gobernanza.

Gobernar es lo que deberían hacer, y no dedicar el tiempo a decidir con quien quisieran o no gobernar, dilatando el ejercicio de responsabilidad por el que les pagamos religiosamente.

Y ahora llega el momento de cargar las tintas, provocando que los ciudadanos pongamos de manifiesto nuestras diferencias, contestando la inevitable pregunta, pretendiendo que nos posicionemos y así esconder su indecente y exclusiva incompetencia: ¿De quién es la culpa?

Yo lo tengo claro, los únicos culpables son los 350 diputados y diputadas que, con independencia de estar en posiciones de derechas o izquierdas, o pertenecer a unas u otras siglas, dicen trabajar en interés de la ciudadanía pero que, en realidad, por lo que hemos visto hoy, su prioridad es su propio interés político, personal o partidista.

La paciencia de la ciudadanía tiene un límite, y están tensado la cuerda demasiado.


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