diumenge, 9 de juny de 2019

¿Pactos o segundas vueltas?


Simple y llanamente es un abuso de confianza, más allá de fraude y ataque a la propia democracia, pues utilizar los votos para conseguir el poder personal a través de pactos, argumentando que hemos sido los ciudadanos y ciudadanas los que lo hemos decidido así, es una burda mentira lanzada con mofa y escarnio, y un insulto a la inteligencia colectiva.

Porque estos políticos que después de las elecciones están ofreciendo este lamentable espectáculo de pactismo, se han marcado como único objetivo llegar al poder, obviando que gobernar no es un objetivo en sí mismo, sino el medio para responder a la confianza que los ciudadanos y ciudadanas les hemos otorgado para que cumplan con su programa electoral.

Las coincidencias programáticas, que deberían ser el eje sobre el que girasen el inicio de cualquier diálogo para alcanzar acuerdos de gobierno ya no tienen ninguna importancia, pues lo único que centra la discusión son las nalgas que ocuparán los diferentes sillones.

Es un mercadeo intolerable de políticos a la venta, convirtiendo las instituciones en un lupanar de dimensiones impresionantes, donde los recursos que se utilizan para comerciar son los que confiadamente los votantes les hemos puesto en sus manos.

Pero se equivocan si entienden que el ejercicio de la democracia finaliza en el acto de depositar la papeleta en una urna, como si de un cheque en blanco se tratase. ¡Todo lo contrario, ahí empieza o debería empezar todo!, pues es a partir de ese momento cuando los ciudadanos debemos empezar a fiscalizar con toda la responsabilidad lo que hacen y van hacer con el volumen de confianza que les hemos otorgado; derecho y deber al que no debemos renunciar.

¿Qué lógica es ésta que permite a un grupo político negociar con cualquier otra opción y asumir acuerdos de gobierno, aunque estén a las antípodas ideológicas o programáticas?
Siendo una realidad que cualquier acuerdo negociado comporta cesión explícita e las posiciones, ¿qué legitimidad tiene un partido político a renunciar a ciertas partes de su oferta sin consultar a quienes le han dado soporte?

Si tal y como anuncia algún partido, “antes de suscribir un pacto lo consultará con sus militantes”, ¿las decisiones que afectan a 47 millones de ciudadanos y que votaron casi 27 millones las tomarán el medio millón de militantes que como máximo tienen el conjunto de partidos políticos? ¿A esos 27 millones de ciudadanos se les quita la voz en el momento de depositar la papeleta?

Creo que supeditar a gobernabilidad en cualquier ámbito a una política de pactos basada en intereses partidistas o personales, como está ocurriendo en este momento, es poner en peligro la propia democracia, generando tanta desafección como pudo generar los episodios de corrupción que hemos sufrido.
Yo, como ciudadano que he cumplido con el deber que me otorga el derecho a votar, rechazo que me intenten subyugar e intenten acallar mi voz, y quiero seguir ejerciendo mi derecho a opinar sobre la composición del gobierno al que democráticamente se le ha otorgado la confianza.

Y solo hay dos modos posibles.

Que gobierne la candidatura más votada, a semejanza del gobierno denominado a la portuguesa, con mecanismos de evaluación del cumplimiento en los que debería también participar la ciudadanía, no solo los políticos.

Que se diluciden las posiciones en segundas vueltas, con lo que serían únicamente las urnas quienes legitimarían cualquier opción.

Por su sencillez y viabilidad, prefiero la segunda vuelta.

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