dimarts, 5 de març de 2019

8-M. Pararé pero no haré huelga


El 8-M no haré huelga, pararé para reclamar medidas activas que permitan avanzar en igualdad, con el claro objetivo final de que en un futuro inmediato el 8-M no se celebre, y deje de ser un día reivindicativo, pues eso será la constatación de haber vencido los agravios y discriminaciones por razones de sexo.

Pero no haré huelga, pararé, pues calificar como huelga esa movilización reivindicativa del 8-M es contribuir a banalizar un derecho constitucional que los trabajadores podemos ejercer como medida de presión por cuestiones laborales.

Se ha llegado al extremo de calificar como huelga una movilización política (léase las últimas convocatorias del independentismo catalán que ellos mismos etiquetan paradójicamente como “aturada” de país); o se ha etiquetado como huelga un paro patronal como fue el conflicto del taxi.

Si el 8-M se entiende como huelga, sólo puedo preguntarme que ¿a quién se hace presión para que “ceda”? Y la respuesta lógica no me gusta, pues sólo cabe decir que “a los hombres”, con lo cual creo que las desigualdades crecen al tratar como coyuntural un problema social, que no por ser de envergadura, es provocado por hombres contra mujeres.    

El día 8 de marzo nos movilizaremos para visualizar que falta mucho camino por recorrer para alcanzar la plena igualdad, y lo haremos como sociedad, concienciándonos y presionándonos nosotros mismos de que la situación merece especial atención, pues no podemos olvidar, -y la experiencia así lo indica-, que los mecanismos para luchar contra la desigualdad y la discriminación no son eficaces si simplemente se apoyan en una norma, sino que su eficacia depende de la voluntariedad social, personal o colectiva.

Salgamos todos a la calle, gritemos convencidos que ¡ya basta!, y comprometámonos a poner barreras a todas aquellas acciones que contribuyan a crear y mantener brechas entre hombres y mujeres, pero no frivolicemos con el derecho a la huelga.

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