dijous, 7 de febrer de 2019

Un relator para relatar un desacuerdo


Puedo asegurar que no es mi intención asistir a la manifestación que el domingo el celebrará en Madrid por, en teoría, defender la Constitución española.

Y no porque no esté de acuerdo con que se debe preservar y respetar la Constitución, -esa que está en vigor ahora y la que pueda ser vigente cuando se produzcan las modificaciones necesarias-, sino porque lo que subyace en la práctica es un ataque político contra el Gobierno español perpetrado por la oposición aprovechando esa metedura de pata que, a mi modesto entender, representa confundir el diálogo necesario y permanente que debe existir entre todas las instituciones del Estado (entre ellas la Generalitat de Catalunya), con una negociación para poder hacer efectivo un derecho de autodeterminación que reclama el movimiento independentista catalán.

Porque elegir un mediador, aunque después se le haya bautizado como “relator” para calmar los ánimos, es asumir que existe una posibilidad de acuerdo en torno a la autodeterminación que exige con toda lógica el independentismo catalán, que no el pueblo catalán, a la vez que eliminar la separación de poderes, como se debe entender la petición que el independentismo hace al Gobierno para que libere a los políticos presos.

Y eso, se mire por donde se mire, desde arriba o desde abajo, es un despropósito que alimenta la confrontación, al mismo nivel que lo hacen los partidos que convocan la manifestación del domingo, pues el “relator” solo podrá relatar el desacuerdo y la tomadura de pelo de los que participen en esa “farsa negociadora”.

Siguen frivolizando irresponsablemente con la convivencia, confrontando ideologías desde posiciones maximalistas con intereses espurios, cuando lo deseable, necesario y urgente, sería defender la unidad desde el sentido común, dejando al margen siglas y posicionamientos políticos, pues creo que la solución a este conflicto solo puede encontrarse en la voluntad conjunta del “centro-derecha-izquierda-izquierda-dereha-pa’lante-pa’tras-un-dos-tres” que dice Sardá.

O sea, en la firme voluntad de todos.


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