dijous, 21 de febrer de 2019

El libertinaje de los CDR y el 23-F


Si no se les cae la cara de vergüenza, es porque tienen mucha cara -¡mejor jeta!- pero a la vez porque adolecen de la más mínima dosis de vergüenza.

Hoy, como no podía ser de otra manera me refiero a esos descerebrados que, disfrazados de trabajadores, se han plegado a los espurios intereses políticos del independentismo, convocando una acción que, aunque disfrazada de huelga nada tiene que ver con reivindicaciones laborales, y lo único que está logrando es simplemente “joder” a los ciudadanos.

Sí, pues están “jodiendo” a los ciudadanos de a pie que son los que paradójicamente dicen defender, ya que están vulnerando durante 24 horas (sin olvidar las consecuencias que esta jornada provocará posteriormente) los derechos más básicos y fundamentales de la ciudadanía, como son los de la libertad, la movilidad, la sanidad y la educación.

Porque hoy muchos ciudadanos y ciudadanas no han podido llegar a su puesto de trabajo, aunque quisieran hacerlo.

Porque hoy muchos ciudadanos y ciudadanas han optado por quedarse en casa con sus hijos por no poderlos llevar a los centros escolares. (Yo me pensaría mucho dejar a mi hijo pensando que según la Generalitat hoy un solo docente podría estar al cuidado de más de 100 escolares)

Porque hoy muchos ciudadanos y ciudadanas no han podido ser atendidos por la sanidad pública, a pesar de tener programadas hace meses intervenciones y asistencias específicas.

Y lo hacen “jodiendo” por la fuerza, y en algunos casos de forma violenta, doblegando la voluntad de la ciudadanía de manera “oficial”, pues es el propio Govern de la Generalitat el que secunda esa “charlotada sin sentido”, a pesar de la ridiculez que representa que las “supuestas” reivindicaciones vayan dirigidas a ellos mismos, pues la sanidad, la educación, la movilidad y el orden público deben ser garantizadas por el Govern de la Generalitat, pues es el Govern quien tiene las competencias.

Pero la realidad explícita y el meollo de la real reivindicación no es otro que la “exculpación” de los políticos presos que están siendo juzgados por el Tribunal Supremo, que no la eliminación de la “prisión provisional” (que es algo de lo que podría discutirse y ser comprensible), pues el eucarístico lema de “us volem a casa” no sería la claudicación del estado de derecho que es lo que realmente pretenden al coste que sea.

Simple y llanamente se puede afirmar que estos defensores de una supuesta libertad son simplemente desertores de la convivencia y que su único ilegítimo interés radica en poder imponer sus ideas, sin importarles las herramientas que deban utilizar para conseguirlo, pero que en absoluto pasan por el respeto a la libertad de sus vecinos, sino a la torticera interpretación de su propio libertinaje.

Miedo da que la defensa de la hipotética república catalana esté en manos de estos energúmenos autodenominados CDR, que validados por el inoperante Govern de la Generalitat están poniendo en subasta las llaves de la democracia y el Estado de derecho, para que puedan pujar aquellos que un aciago 23 de febrero intentaron revertir el régimen de libertades que costó muchos años recuperar.

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