divendres, 28 de desembre de 2018

Aislar y poner en peligro la democracia


Estoy a las antípodas de los planteamientos y postulados de VOX, pero la verdad es que me produce tanta grima que ese partido esté al ”alza” y reciba el soporte de muchos ciudadanos y ciudadanas, como los comentarios que se están utilizando para deslegitimarlo pues hacerlo implica, en el caso de Andalucía, poner en duda la voluntad del ejercicio democrático de 400000 ciudadanos, que es tanto como poner en peligro el propio ejercicio de la democracia.

Proponen hacer un “cordón sanitario” contra VOX, como si esos 400000 ciudadanos fuesen unos apestados y mereciesen ser apartados de la sociedad.

Quieren confabularse para no dejar que VOX entre en las instituciones, como si esos 400000 ciudadanos no tuviesen el derecho de tener representación en los órganos de representación del estado.

Argumentan que VOX es un partido de ultraderecha que no respeta la Constitución, como si esto fuese privilegio exclusivo de ese partido, obviando que hay otras organizaciones políticas que no solo quieren modificarla sino también auto excluirse de ella, cosa que ya han intentado.

Mencionan las leyes en vigor con las que 400000 ciudadanos andaluces representados por VOX están en desacuerdo, empezando por las de igualdad y siguiendo, supongo contra aborto y matrimonios entre personas del mismo sexo, por ejemplo, olvidando que hay partidos en el arco parlamentario que también votaron en contra de esas iniciativas legislativas.

Y con razón, catalogan a VOX y a sus dirigentes como partido nacionalista, xenófobo, racista, supremacista, fascista y reaccionario, hasta insinuando su ilegalización, cerrando los ojos ante el paralelismo y similitud que existe entre dirigentes de otros partidos a los que también se puede clasificar de igual modo.

En esa tesitura, ¿por qué los partidos políticos que ostentan el poder no han tenido la “valentía” de impedir que VOX, por defender un programa electoral nacionalista, xenófobo, racista, supremacista, fascista y reaccionario, concurra a los comicios?

¿Es honrado que esos partidos satanicen a los 400000 ciudadanos que han dado soporte electoral a VOX, de que VOX haya obtenido esa representación?

¿Es legítimo que se critique y se condene a los partidos que aceptan la representación de VOX para alcanzar cotas de representatividad y poder por ser un partido nacionalista, xenófobo, racista, supremacista, fascista y reaccionario, cuando estamos viviendo una situación similar en otros estamentos?

¿Es tan difícil que esos partidos hagan un acto de contrición y que reconozcan de que si VOX ha obtenido el apoyo de 400000 ciudadanos ellos también tienen responsabilidad?

Estoy convencido de que en el ADN de VOX la democracia tiene un gen muy concreto, similar o igual a aquella “democracia orgánica” que muchos combatimos durante años, pero ha obtenido una representación que han avalado 400000 andaluces de manera democrática, y no es con acciones de aislamiento político, tipo ”cordón sanitario”, como se logrará que esos partidos con líderes nacionalistas, xenófobos, racistas, supremacistas, fascistas y reaccionarios (y no me refiero únicamente a partidos de ese ámbito territorial), queden relegados a tener una presencia meramente testimonial.

dissabte, 22 de desembre de 2018

SFG. El fariseisme de la donació de sang


Fa molts anys que ho soc, i reconec que em vaig fer per interès personal, doncs fa 40 anys ser donant de sang et permetia visitar als pacients ingressats a la Residencia Francisco Franco, ara Hospital de la Vall d’Hebron, fora de l’horari estipulat de visites.

Després de tots aquests anys continuo sent donant habitual, i em poso a disposició del personal sanitari que fa les extraccions sense necessitat d’esperar les necessàries campanyes que organitzen associacions i centres hospitalaris, i només qüestions puntuals relacionades amb la salut m’han impedit donar sang en algun moment determinat.

Penso que donar sang hauria de ser quasi una obligació de tots els ciutadans als que la seva salut els hi permet fer-ho; fins i tot m’atreviria a dir que hauria de ser una de les aportacions que els usuaris haurien de fer al sistema públic de salut.

Però obligació o  no obligació, ara per ara és una acció completament altruista, que hauria de respondre només a la consciència i la responsabilitat personal, i mai a interessos mediàtics que es posen de manifest els dies que es programen campanyes específiques.

Per això m’emprenya quan es fa ostentació d’allò que hauria de ser un deure, i quan sobretot certs polítics aprofiten per a fer-se la foto previ, durant o després de una campanya local de donació de sang.

Quants d’aquests personatges, que fa uns dies es posen davant de les càmeres fotogràfiques anunciant una campanya de donació, faran avui una donació efectiva?

Quants d’aquests personatges, si avui donen sang, continuaran sent donats?

Donar sang és una experiència, però fer-se donant de sang és una superexperiència, com dia la campanya de Sant Feliu; per això m’agradaria encoratjar als polítics locals a que la seva aportació vagi més enllà de la simple foto o d’una extracció puntual d’avui.   


dilluns, 3 de desembre de 2018

Momento de políticas, no de siglas


Viendo los comentarios sobre los resultados de las Elecciones Autonómicas en Andalucía, con lamentos de que VOX haya obtenido una cota de representación importante, solo cabe recordar que “¡esto es la democracia, amigos!, y que cuestionar y menospreciar la voluntad del pueblo, es cuestionar la propia esencia del sistema democrático.

Que 400000 andaluces y andaluzas hayan dado su apoyo a ese partido debería dar que pensar a aquellos que no han conseguido la confianza de los electores, reconociendo explícitamente que “algo han debido hacer mal” y no justificar sus malos resultados culpabilizando a la  ciudadanía, insinuando implícitamente aquello de “!que os vais a enterar!”, menospreciando así el sentido común y el libre albedrío del pueblo, al estilo de aquel político de la izquierda radical, también andaluz, que calmó su frustración de ese modo, pues ni la “pinza” con la derecha aznariana consiguió desbancar a Felipe González.

Reconozco que la gran mayoría de postulados y planteamientos de VOX están muy alejados de los míos (podría decir que estamos en las antípodas), al igual que pueden estar muchos de los del PP o C’s, pero el ejercicio de la democracia debe respetarse, y todos los partidos que concurren a unas elecciones tienen los mismos derechos y las mismas posibilidades.

Por eso me resulta difícil entender, a la vez que me entristece, ver a ciudadanos que en teoría han luchado por la libertad y la democracia cuestionar el resultado de las urnas, que por no ser del agrado de muchos-entre ellos me incluyo yo mismo-, no deja de tener toda la legitimidad.

Pero lo que más me sorprende es que haya gente que aplauda el cinismo de ciertos personajes que entendiendo que la democracia se puede aplicar sin respetar las reglas del juego en vigor, se permitan amenazar al pueblo andaluz por haber decidido democráticamente sus opciones, territorializando los resultados (como si en Catalunya no residiese la derecha, o una ultraderecha donde ellos mismos podrían situarse), o casi insinuando que los que han votado por los partidos de derechas, sobre todo por VOX, no son andaluces.  

En Andalucía han ganado los partidos situados a la derecha en el arco parlamentario, y muy posiblemente encuentren la manera de hacer coincidir “políticas” que les permitan formar gobierno.

La izquierda debería plantearse si esa confrontación entre siglas que marca líneas rojas no ha sido una de las causas de ese descalabro electoral, pues quizás los ciudadanos han empezado a vislumbrar que son las coincidencias en planteamientos políticos las que deben marcar las respuestas políticas a las inquietudes de la población, con independencia si de si esos planteamientos se pueden encasillar en la izquierda o en la derecha.