dijous, 22 de novembre de 2018

De izquierdas y simpatizante de SCC


Cuando ayer el Diputado Rufián protagonizó una de sus habituales astracanadas y puestas en escena, tildando al Ministro Borrell de hooligan y ultraderechista por pertenecer a Sociedad Civil Catalana, al margen de la indignación que como ciudadano sentí -y que todo ciudadano debería sentir por la falta de respeto que demostró este personaje a la soberanía popular- me pregunté el porqué de ese rechazo y menosprecio tan intenso que el movimiento independentista demuestra contra esta organización, cuando el único objetivo de SCC es promover la convivencia y la cohesión entre los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya.

Y llegué a la conclusión que esa actitud beligerante que se acompaña de insultos, improperios y descalificaciones no esconde más que un temor cerval a que SCC se vaya consolidando como el punto de encuentro de todos aquellos que con ideologías políticas dispares -casi en las antípodas unas de otras en algunos casos como dice un amigo-, pensamos legítimamente que la independencia no es el modelo más beneficioso para Catalunya, pero que a la vez respetamos la legitimidad que tiene el movimiento independentista para defender sus tesis por las vías democráticas vigentes.

Reconozco ser uno de los muchos simpatizantes de izquierdas de Sociedad Civil Catalana, -¡sí de izquierdas¡-, y no me duelen prendas de compartir espacio de reflexión y convivencia con ciudadanos y ciudadanas de otros posicionamientos políticos la idea de que ni el nacionalismo ni el independentismo son la mejor fórmula.

Sr Rufián, al igual que el Ministro Borrell, ni soy de ultraderecha ni hooligan, simplemente soy un catalán que, desde principios y convicciones socialdemócratas, no cree en la independencia y que entiende que Catalunya no está en los supuestos que se contemplan internacionalmente para ejercer el derecho de autodeterminación.

Y mi posicionamiento merece el mismo respeto que el suyo.

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