dimecres, 9 de maig de 2018

Reflexionando sobre mi paciencia jobiana


Ha sido una dura prueba la que me propuse superar, para después de aguantar y soportar comentarios de algunos energúmenos con encefalograma plano, corroborar lo que ya tenía sabía, que tras una aparente voluntad de sano diálogo y debate no aspiran a conocer la verdad, sino negarla, pues su único objetivo es encontrar respuestas a su medida que les permitan cargarse de razón, y así seguir con sus quejas y  acusaciones inconsistentes.

Es el mal endémico que cada vez con más persistencia se está instalando en Catalunya, y que para los que no queremos renunciar a impulsar el debate para encontrar puntos en común en la discrepancia -aunque sea desde la provocación-, se ha convertido en un pesado lastre que solo puede ser aliviado desde un tolerante pero a la vez decidido y enérgico estoicismo.

Pero después de dos días de paciencia Jobiana, lidiando con chichinabos y chanclillas insultantes que no merecerían más que exabruptos, me he permitido dejar libre aquel mal que habita en mi interior, como reside latente en el interior de todos y cada uno de nosotros, y que como oscuridad que empaña mi alma puede vencer la contención que me continuo imponiendo, y después de una encarnizada pugna por tomar el control, consiga salir con una virulencia desbocada.


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