dimecres, 23 de maig de 2018

El espacio público no es de nadie


Defienden aquellos que quieren utilizarlo como si de una propiedad privada se tratase, que el espacio público es de todos, legitimando cualquier actuación o acción que allí se quiera llevar a cabo, sin importar que el vecino también lo considere de su propiedad y que del mismo modo, crea que puede hacer en él lo que desee.

De manera constatada, esto está provocando cada vez más frecuentes situaciones conflictivas en unos espacios calificados como públicos, pues confluyendo intereses diversos -algunos totalmente contrapuestos-, y desde un mal entendido ejercicio de la libertad en una supuesta propiedad compartida, es irremediable que se llegue a la confrontación personal.

Si los ciudadanos y ciudadanas llegamos a entender que los lugares públicos no son de nuestra propiedad, sino que simplemente tenemos el dominio y que cualquiera puede circular por ellos respetando el fin para el que fueron creados, podremos concluir que son puntos de encuentro de la población donde todos deben sentirse cómodos, y no espacios para poner de relieve las diferencias.

Hoy parques, jardines, carreteras, calles, edificios públicos y últimamente playas, son espacios públicos ocupados por simbología representativa de una legítima reivindicación política, pero donde los impulsores de esas acciones no entienden que son simplemente usufructuarios junto con el resto de la ciudadanía, en absoluto propietarios, pues los espacios públicos no son propiedad de nadie.

Sería injusto obviar el protagonismo que tienen las administraciones responsables de gestionar y mantener los espacios públicos, que manteniendo una actitud política de pasividad manifiesta que junto a la tolerancia silenciosa demuestra complicidad punible, eluden velar por potenciar el respeto a las reglas convivencia, cerrando los ojos a situaciones que por acción/reacción pueden provocar violencia gratuita.



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