dimarts, 1 de maig de 2018

1-M. El protagonismo sólo de trabajadores y trabajadoras


Recuerdo que fue en 1988, cuando en una de mis primeras reuniones de la Comisión Ejecutiva de la Federación de Transportes y Telecomunicaciones como responsable nacional de Puertos, Aduanas y Consignatarias, el Secretario General Justo Domínguez, aprovechando que debatíamos y preparábamos el 1 de mayo, me preguntó qué pensaba de esa celebración.

No nos conocíamos mucho, y recuerdo su expresión junto con la de algunos compañeros de la ejecutiva cuando dije que era una celebración rancia y desvirtuada, que estaba perdiendo su razón de ser, y que los sindicatos deberíamos hacer un ejercicio de imaginación organizativa para que los trabajadores la volvieran a sentir suya. De lo contrario tendería a desaparecer ese significativo día donde los trabajadores podíamos demostrar nuestra “fortaleza unitaria”  a través de las organizaciones sindicales.

Pepe Álvarez, ya como Secretario General intentó compaginar lo que debía ser una manifestación reivindicativa, añadiendo al programa otras actividades lúdicas en el Moll de la Fusta, con actuaciones musicales y una paella popular, lo que representaba un banderín de enganche para la participación, y que en un inicio representó un éxito.

Pero paellas populares ya no representan un aliciente significativo que pueda animar a manifestar justas reivindicaciones, ni tan solo una “significativa butifarrada” como parece ha programado la UGT de Catalunya, representa una oferta atractiva que mueva a la movilización.

No sé la cantidad de trabajadores y trabajadoras que acudirán a mostrar su hartazgo con la situación actual de un mercado laboral precario, con un marco de relaciones laborales lesivo, con las pírricas subidas en las pensiones o con el menosprecio y menoscabo a los autónomos, pero lo que no cabe duda es que hay suficientes motivos para salir a la calle para protestar y vindicar únicamente como trabajadores y trabajadoras, al margen de ideologías, de  posicionamientos políticos o de reivindicaciones no laborales que, aunque importantísimas, son paralelas.

Hoy, a pesar de lo que opine algún dirigente sindical cuando afirma -creo que de manera poco acertada- que el 1 de mayo comenzó el 8 de marzo, todos somos trabajadores y trabajadoras en activo, parados, pensionistas o autónomos, y hacemos nuestras las reivindicaciones tanto de hombres como de mujeres, manifestando nuestro compromiso para luchar contra la desigualdad y la injusticia.

Creo que este 1 de mayo era el momento de que los trabajadores y trabajadoras saliésemos juntos a la calle, como trabajadores y trabajadoras, rechazando intentos de capitalización política y partidista, y aunque sin renunciar a las propias siglas y haciéndolas visibles, las organizaciones sindicales hubiesen debido renunciar a su protagonismo particular en aras de una necesaria unidad de acción.


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