dijous, 11 de gener de 2018

L'important és el què i el com, no el qui

La veritat és que preocupa veure la baixa qualitat d'alguns polítics catalans i el pràcticament nul compromís que mostren amb la ciutadania, però sobretot entristeix comprovar el grau d'empatia que han aconseguit de la societat, que encara sent conscients que els importa un rave les nostres  inquietuds, preocupacions i problemes, seguim acceptant amb incomprensible estoïcisme que estiguin intentant únicament pactar prebendes personals i  cotes de poder.

Supediten les seves accions a el “qui?”, oblidant que són les respostes al “què?” i al “com?” les que estan obligats a donar a la ciutadania, interpretant de manera interessadament errònia que les seves ambicions, fruit de subordinades i derivades utòpiques, són també les dels ciutadans.

No entenen que són mers instruments al servei dels ciutadans i que la seva prioritat, amb independència de color i sigles, ha de ser trobar les necessàries coincidències per poder pactar polítiques reals i actives.

Perquè d'això es tracta, de pactar polítiques i no polítics, quelcom del que semblen ser incapaços,  demostrant simplement incompetència.


dimecres, 10 de gener de 2018

¡Vivan los hijos de puta!

Sí amigos, yo soy uno de aquellos hijos de puta que en los años 70 reivindicábamos la libertad para poder salir a la calle a reivindicarla.

De los hijos de puta de derechas, de izquierdas o de centro (porque la libertad no tiene ideología), y que día sí y otro también, nos plantábamos en las Ramblas de Barcelona reivindicando libertad de manera pacífica pero contundente, sin provocar violencia pero sabiendo que la violencia aparecería, pues era un privilegio exclusivo del estado.

De los miles y miles de ciudadanos hijos de puta que después de ser avisados de una inminente y lógica carga policial, debíamos salir corriendo por la calles adyacentes (Pelayo, Canuda, Buensuceso, Santa Ana, etc), huyendo de aquellas amenazantes porras en manos de armarios de color gris, pero sin dejar de reivindicar.

Yo soy de los hijos de puta que reivindicábamos una libertad en color, frente a la libertad en blanco y negro que vivíamos en aquel momento.

Uno de aquellos hijos de puta que simplemente reivindicábamos democracia real, no aquella orgánica que durante casi cuarenta años indicaba que no se podía votar.

Era un hijo de puta, lo he sido durante toda mi vida por haber seguido reivindicando lo que he creído justo, y entiendo que lo sigo siendo por no haber evolucionado en mis convicciones, y continuar defendiendo la libertad que reivindicábamos.

Y ahora soy un hijo de puta, según alguno de esos “amigos virtuales y no tan virtuales” por no ser independentista, por no ver justificada (sino todo lo contrario) la autodeterminación de Catalunya, por huir de nacionalismos, por reivindicar el diálogo como solución a los problemas, por no haber participado en un provocador y unilateral referéndum por la independencia.

Pero lo alarmante es que alguno de esos “amigos”, en un discurso totalmente enlatado y sin base argumental lógica, se atreven a tildar de hijos de puta –algunos hasta de asesinos y terroristas- a los miles y miles de ciudadanos que en aquellos 70 reivindicábamos unas reglas de juego democráticas que nos permitiesen votar en libertad lo que quisiéramos votar.

Pues bien amigos, aunque mi madre sea una santa, supongo que seguiré siendo un hijo de puta socialista luchando por alcanzar mayores cotas de justicia social, reivindicando codo a codo con todos aquellos hijos de puta que desde la reivindicación de libertad conseguimos que hoy, aunque alguno no quiera hacerlo, podamos convivir en libertad.