dimarts, 26 de desembre de 2017

El discurso de Felipe VI como Jefe de Estado

Para valorar una intervención me gusta ponerme en el lugar de quien la ofrece, teniendo en cuenta el contexto, el cuándo, y la responsabilidad del quién, porque es a partir de ahí cuando puedo analizar con la máxima frialdad posible, y siempre bajo mi punto de vista, si lo que dijo  el interviniente tiene base argumental.

Eso hice con el discurso del Rey el pasado 24 de diciembre, lo que me permite afirmar que siendo republicano convencido, lo único que me molestó fue que lo ofreció un monarca y no un presidente electo de una república española, pues creo que si en vez de vivir en una sistema de monarquía parlamentaria lo hiciésemos bajo un régimen político republicano, el Presidente hubiese lanzado las mismas reflexiones que el Rey, ambos como jefes del Estado.

Entre otras cuestiones, el Felipe VI habló de unidad, de recuperar la convivencia, de la concordia, de abandonar la exclusión y los enfrentamientos, entre otras cuestiones actuales como empleo, terrorismo y violencia, tal y como correspondía hacerlo a un Jefe de Estado, presidente o monarca.

De manera absurda, quizás algunos esperaban que gritase ¡Viva la República, ¡Abajo la Monarquía! Y ¡Muera el Rey!.

O que se comprometiese a impulsar un referéndum de autodeterminación, ya que dos millones de los 47 millones españoles son partidarios de la independencia de Catalunya.
O que mostrase condescendencia con aquellos que, de manera activa y no teórica, han impulsado la secesión.

O que se ofreciese para “mediar” en un conflicto político más allá de abogar por el diálogo, satanizando y condenando el 155, cuando al no hacerlo por todo lo anteriormente argumentado y por ser una decisión política, se le acusa de posicionarse políticamente con los partidarios de la constitución.

Sigo pensando, como republicano, que si Felipe de Borbón, en vez de Rey hubiese sido Presidente de la República española, su discurso de Jefe del Estado, hubiese merecido la valoración positiva de aquellos que lo han criticado por ser Rey, y la lógica condena negativa de aquellos que no quieren ni monarquía parlamentaria ni república española pues, simplemente, no quieren España.


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