dimarts, 17 d’octubre de 2017

Preservar la independencia del poder judicial

Posiblemente recibiré insultos, pero quiero dejar patente mi indignación al ver cómo políticos exigen al Gobierno estatal que interceda ante la justicia para que deje en libertad a los líderes de la ANC i de OMNIUM, en una clara demostración de desprecio a la separación de poderes, que es uno de los pilares de la democracia.

La encarcelación provisional de Sánchez y Cuixart es una decisión judicial, y en ese ámbito es donde se debe circunscribir, y a pesar de que se pueda considerar como una resolución justa o injusta en mayor o menor medida, quiero seguir pensando que la justicia es ciega, y que quien tiene la responsabilidad de impartirla puede errar como lo haría cualquier persona, pero estoy convencido que sus decisiones están basadas en la objetividad de los hechos sobre los que debe resolver.

Por ello en este caso creo que es una arbitrariedad, sino una frivolidad fruto de posicionamientos dogmáticos o de sentimiento inducido, afirmar que estamos ante una decisión judicial que ha convertido a los Jordi's en presos políticos a instancias de la Fiscalía, pues de haber sido así los cuatro imputados que ayer prestaron declaración en la Audiencia Nacional habrían pasado ya una noche en prisión, tal y como pedía el Fiscal, lo que entiendo demuestra una gran independencia de la Juez Lamela, encargada del caso.

Es cierto que la resolución es extemporánea y que al margen de suponer un "respiro" que permite aumentar la presión contra uno de los actores del conflicto en Catalunya de cara al próximo jueves, supone al mismo tiempo un elemento para recrudecer el estado de crispación social que estamos sufriendo, como ayer reconocía en TV el Diputado Tardà.

Eso sí, que nadie interprete que estoy de acuerdo con la encarcelación de estos ciudadanos, pues no tengo los suficientes conocimientos jurídicos para opinar ni mucho menos para juzgar, pues a estas alturas de la película, de hacerlo, sería como someterme a los diferentes e interesados juicios de valor que se están haciendo; como  tampoco voy a banalizar sobre la "proporcionalidad" de las medidas que se han tomado (un día alguien deberá explicarme con qué parámetros se mide esa llamada proporcionalidad).

Lo que sí me atrevo a cuestionar es la idoneidad de la invitación  -reconozco que me cuesta fiarme de la sinceridad de la misma pues suena a exigencia-, a la movilización de la ciudadanía en la calle, pues a pesar de que Sánchez y Cuixart pidan serenidad y calma, como es bien sabido, es muy difícil controlar una gran cantidad de personas concentradas, como ya ocurrió el pasado 20 de setiembre, que no olvidemos es por lo que están encausados judicialmente, no políticamente.



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