divendres, 15 de setembre de 2017

La pela convierte a independentistas en secesionistas

Iba de independencia (va de independencia), no de democracia, aunque el intento fuese (es) justificar cualquier acción unilateral argumentando una vulneración del ejercicio democrático a opinar (decidir), utilizando de manera sesgada el derecho internacional a la autodeterminación (que no cabe en este caso).

No iba (no va) de democracia, porque no puede haber democracia cuando las reglas del ejercicio del derecho las cambia el convocante a beneficio del resultado que le interesa y que por ese mismo motivo, es un resultado que ya está cantado.

Pero si no iba de democracia, -pues ese derecho a decidir era una burda maniobra que perseguía (persigue) como único objetivo la declaración de independencia-, ahora sí que el reivindicado derecho a la autodeterminación (decidir) pasa a un segundo plano y pierde su importancia, pues las últimas decisiones del Govern de la Generalitat únicamente se las puede encuadrar en el secesionismo, y la secesión sólo la deciden los políticos sin ponerla a votación, pues la gravedad de las consecuencias, que solo sufriría la ciudadanía, muy posiblemente haría que la acción fuese rechazada democráticamente.

Ahora de manera inconsciente (que yo creo que consciente), los líderes de este llamado movimiento independentista han añadido el vil metal como nuevo elemento efectivo de desencuentro, negándose a que el Gobierno pueda ejercer su deber de control del erario público de los entes del Estado, de los que también la Generalitat forma parte, lo que obliga al Gobierno central a legitimar cualquier actuación para preservar su derecho a ejercer su propia obligación.

Hasta ahora, todo se jugaba en un gran tablero de ajedrez, en una partida que difícilmente iba a quedar en tablas. Los jaques se sucedían, pero el mate no llegaba. Hasta creo que a ambas partes les interesaba que el tiempo corriese. Que vale o no si ley del referéndum, que si ley de transitoriedad, que si Tribunal Constitucional, que si querellas, que si fiscales, que si recursos, que si interpretaciones, que si…; pero ahora ya hay una acción definitoria y decisiva.

La pela es la pela decimos en Catalunya, frase que ahora también puede hacer suya el Gobierno del Estado, pues utilizando ese mismo principio interviene esas pelas que, aunque disguste a los independentistas, es capital de todos, partidarios o no de la independencia.

¡Que malos son estos españoles que nos intervienen el dinero!, se quejan los próceres independentistas, pero obvian decir que ellos son simplemente gestores de un dinero que es de todos los catalanes, que su obligación es la de gestionarlo de acuerdo con la legislación vigente, pero que pertenece al Estado la responsabilidad de controlar que la Generalitat lo gestione correctamente.

Si antes las declaraciones del Govern de la Generalitat implicaban una Declaración Unilateral de Independencia implícita, la negativa a rendir cuentas sobre el dinero ya es una Declaración Universal de Independencia de facto, lo que es simplemente secesión, y que puede legitimar Gobierno del Estado a actuar en consecuencia.

Y como ciudadano de a pie, me pregunto cuales serán esas consecuencias que van a provocar y que ineludiblemente vamos a sufrir todos, porque creo que esta tamaña insensatez que representa que el Govern de la Generalitat se haya declarado secesionista justifica cualquier actuación que decida el Gobierno del Estado para anularla.


¡Y eso sobrepasa la línea del temor para comenzar a dar miedo!

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