dilluns, 4 de setembre de 2017

2-0. Amanecer con frustración

En este momento no cabe actuar lanzando tinta a modo de calamar, ni tampoco esconder la cabeza bajo tierra como una avestruz para no ver la realidad (ojos que no ven, corazón que no siente), pues como bien reconocen todas las partes, a partir del 1 de octubre será muy difícil arreglar todo el desaguisado que se ha ido produciendo durante los últimos tiempos, y del que los partidos tienen gran parte de responsabilidad que sufriremos los ciudadanos.

Porque solo hay dos posibilidades: O se está a favor de la consulta del 1 de octubre, obviando consideraciones legales y calificaciones de la propia convocatoria, con lo cual los partidos así posicionados llamarán a la participación, o bien prima el respeto a la legalidad vigente, y los partidos que así lo hagan deberán exigir que quede sin efecto la mencionada convocatoria, los actos de campaña que deberían acompañarla y, por consiguiente,  propia votación.

Por ello no entiendo la postura del PSC al aconsejar que no se acuda a las urnas el 1 de octubre, pues con esa manifestación está participando en la propia campaña electoral (no se puede olvidar que la abstención es una de las opciones que tiene el ejercicio de la democracia), por lo que está dando validez a la posible convocatoria de esa consulta.

Si la postura del PSC responde a una estrategia medida, pensando que los ciudadanos premiarán su bonismo al seguir manteniéndose en una cierta ambigüedad, creo que está demostrando una gran candidez, pues los índices a abstención también se miden y pueden ser interpretados y capitalizados por todos. Recordemos aquello de la mayorías y/o minorías silenciosas que todos podían hacerlas suyas.

Creo que el PSC debe consecuente con aquello que entiende mejor responde a los intereses de la ciudadanía, -que quiero suponer que es un modelo federal de España- siendo proactivo y actuando en consecuencia y total claridad, y no contribuyendo a generar frustración que, sin lugar a dudas, será el peligroso sentimiento con el que amanecerán muchos catalanes el día 2 de octubre.

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