divendres, 25 d’agost de 2017

Contra el terror, ninguna discriminación

Que existe un sentimiento contradictorio ante todo aquello que se aproxima al Islam es un hecho indiscutible y no sería realista negar que, a pesar de que se intente aparentar todo lo contrario, subyace un cierto grado de rechazo que se ha intensificado a raíz de los últimos actos terroristas.

No es posible que de un plumazo se puedan eliminar unos recelos que vienen de muy atrás y que en algunas poblaciones se han enquistado, lo que ha generado conflictos de convivencia ocasionados muy posiblemente por no haber sabido conceptuar lo que es derecho y/o deber de integración,  y por seguir empecinados en etiquetar a los ciudadanos, o lo que es peor estereotipar, como pertenecientes a una comunidad determinada.

Entiendo la necesidad que los musulmanes puedan tener para demostrar a la sociedad que no son culpables del horror y de la barbarie que han provocado esos asesinos, y que por profesar la misma religión que ellos tienen obligación de expresar el rechazo de manera particular, pero ello es reconocer tácita, pero errónea y peligrosamente, que tienen una cierta responsabilidad “corporativa”.

Queramos o no queramos reconocerlo, el 17-A ha representado un paso atrás que ha dado alas a todos aquellos que quieren seguir manteniendo fronteras y límites físicos entre personas, y que aprovecharán para convencer a la sociedad que los musulmanes no pueden tener la consideración de ciudadanos, del mismo modo que algunos musulmanes intentarán también poner en evidencia el menosprecio que se tiene hacia ellos.

El próximo día 26 el grito contra el terrorismo debe ser unánime y unitario, y no estar supeditado a discriminación por razón de raza, sexo y, sobre todo, por religión.


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