dissabte, 25 de febrer de 2017

Conflicto Estiba. ¡Muy difícil llegar a buen puerto!


Como opinaba hace unos días, y para regocijo de patronal y Estado, la UE le ha dado un golpe de gracia ( que yo calificaría de estocada decisiva, al sistema de funcionamiento de la estiba portuaria tal y como la conocemos hoy.

A partir de ahora, ese denominado monopolio bajo el que ha funcionado durante años esta actividad desaparece, y las empresas tendrán en sus manos el control que ahora compartían alegremente con el sindicato mayoritario a nivel estatal o en cada uno de los puertos, pues el interés en aras de la rentabilidad era mutuo, aunque bien es cierto que siempre han ambicionado una liberalización que les permitiese una regulación a su medida, prácticamente retrocediendo a aquellas épocas no tan lejanas de “hacer plaza”, y cuando el ejercicio de la actividad y las condiciones laborales y salariales sólo dependían de la voluntad del contratante.

Defensor del sindicalismo de clase, - que nadie debe confundir con la sectoralización reivindicativa -, casi sería comprensible que pudiese manifestarme a favor de la desaparición del monopolio de la estiba, - que hasta ahora compartían sindicatos y empresas estibadoras-, pero conociendo la historia de la reivindicación empresarial y previendo que esta acción responde al interés de avanzar en la privatización de la actividad portuaria, donde confluyen miles de trabajadores que no pertenecen a la estiba, creo que la situación bien merece la la preocupación de todo el movimiento sindical.

Porque debe recordarse que las condiciones laborales de los estibadores son el resultado de la negociación colectiva y ahora, abusando de la sentencia de la UE, el Estado dicta un Real Decreto que, aplaudido por la patronal, deroga lo pactado y ataca de manera frontal a un derecho constitucional (Artículo 37), aunque llevando su perversidad a límites insospechados cuando deja en manos de la negociación de un futuro convenio colectivo la aplicación del propio Decreto, a la vez que anuncia que ese Decreto no sufrirá ninguna modificación.

Porque las empresas estibadoras, y no digo que con toda la legitimidad, llevan años intentando que ese monopolio sea gestionado únicamente por la patronal y no compartido con los trabajadores. Aún recuerdo a finales de los 80 cuando, por ejemplo, ya se cuestionaba por cuestiones de coste número de trabajadores que componían las “manos”, como ahora se cuestiona el coste de un estibador y se plantea rebajarle sus retribuciones hasta un 60%.

Porque los Gobiernos, con independencia de color y siglas y desde los años 80 del siglo pasado, han intentado una y otra vez reconvertir el sector de la estiba para ponerlo en manos de la patronal, renunciando a su consideración como servicio público, igual que al resto de actividades del sector portuario.

Y porque resulta paradójico que ahora haya partidos políticos que manifiesten su apoyo a las reivindicaciones de los trabajadores, cuando no hace tanto tiempo encabezaban i/o participaban defendiendo la ruptura de la exclusividad de la estiba, demostrando que su aparente solidaridad con los estibadores no es más que un intento de proyectar una empatía mediática que resulta falta de credibilidad.

No sé si la huelga será la vía que permita desencallar este conflicto, aunque que tengo claro que tampoco lo será una nueva negociación colectiva basada en la transparencia, pues estando sobre la mesa los “triunfos” de todos los actores implicados, solo un engaño basado en la buena fe de las partes con acuerdos “bajo la mesa”, puede aplacar el apetito voraz de Gobierno y de la UE.

¡Y eso es muy difícil!

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