dijous, 19 de gener de 2017

Inexistente vejación en el pódium ciclista

He defendido y sigo defendiendo que la mujer es la única dueña de su cuerpo y que jamás debe renunciar a ello, pues poner en duda y/o compartir esa propiedad es dar alas a aquellos que creen tener la supremacía sobre otra persona.

Por eso me preocupan las imposiciones que se basan en juicios de valor que sentencian, en algunos casos de manera arbitraria, que una acción es susceptible de considerarse vejatoria, poniendo en duda la propia capacidad de la mujer para optar libremente por el desarrollo de su voluntad personal.

Ahora resulta que, amparándose en una iniciativa australiana, algunas mujeres han iniciado una cruzada contra las azafatas que en las competiciones ciclistas entregan los trofeos a los ganadores, y cito textualmente lo que ayer en TVE verbalizaba una “defensora de la dignidad femenina”, porque “daban un beso al ganador y vestían minifalda”, como si dar un beso a modo de saludo o felicitación e ir vestida con un falda corta fuese una manera de ganarse la vida indecorosa e indecente.

La mencionada señora se atrevía a decir, en clara actitud discriminatoria y de menosprecio por razón de género, que las marcas comerciales pongan hombres con minifalda, repartiendo trofeos y besos.

Quizás alguien olvida que azafata o azafato de eventos es una cada vez más profesionalizada dedicación, y siendo cierto que el aspecto físico también es importante para decidir en qué lugar cree el empresario que su labor puede ser más efectiva, (pues también en ese ámbito profesional quiero mencionar a las y los modelos de publicidad), hoy en día tampoco puede obviarse que estos trabajadores y trabajadoras que se dedican a esta faceta de la promoción protocolaria, precisan de formación específica para desarrollar ese trabajo.

Estoy seguro que el aficionado al ciclismo, por ejemplo, no lo es porque los trofeos los entreguen señoritas con minifalda en nombre de una empresa determinada. Ni tan solo creo que el ciclista, después de decenas y decenas de quilómetros en sus piernas, preste ni espere más atención de la estrictamente necesaria, que no es otra que la entrega del premio por parte de estas azafatas (o azafatos si es el caso).

Creo que quienes realmente alimentan actitudes vejatorias y discriminatorias contra la mujer, son aquellos y aquellas que ven y denuncian el ejercicio de una profesión, coartando la libertad de la propia mujer a ganarse la vida, generando dudas indecentemente enfermizas sobre la decencia de una azafata de eventos.

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