dimarts, 9 d’agost de 2016

La UGT no es Villa, ni Villa es la UGT

Agazapados tras el matorral están aquellos que, no como depredadores sino como buitres  expectantes, esperan pacientemente desde la ociosidad para alimentarse de la carroña que algunos desalmados dejan caer en su cercanía.
 
Su intención no es otra que generalizar para después estereotipar, intentando que la repulsa que pueda provocar una dudosa actuación personal, se convierta en un rechazo injusto hacia la organización desde se cometió una condenable acción.
 
Y me refiero a otro episodio protagonizado por el que fue dirigente del SOMA-UGT, Fernández Villa, que a la investigación sobre su persona por una cuestión monetaria y/o fiscal, ahora añade a su biografía el presuntamente estar cobrando una pensión demanera fraudulenta.
 
Toda la lucha sindical que encabezó Villa en favor de los trabajadores de la minería, ¡que lo hizo!, ha quedado en segundo plano, y su nombre ya no estará ligado al sindicalismo reivindicativo del que los ugetistas nos hemos sentido siempre orgullosamente comprometidos, sino al precio que podían tener sus acciones.
 
Porque ese precio, si ha existido, lo ha puesto Villa para vender a Villa, pues un acto como éste, que considero como mínimo puede calificarse de éticamente deplorable y reprobable, se lleva a cabo desde la voluntad personal de quien lo ejecuta, es decir, del propio Villa, no por la organización a la que mal representa.
 
Somos muchos los que creemos que el sindicalismo de clase, en especial el que representa la UGT, es la vía más efectiva para profundizar y avanzar en la justicia social, tal y como se ha demostrado sobradamente a lo largo de sus 125 años de historia, y sería  injusto que esos que se mueven en torno a la carroña lograsen estereotipar y poner en entredicho el movimiento sindical, y en particular a todos los sindicalistas que han dedicado su vida a defender y reivindicar derechos para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras.
 

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