dimecres, 11 de maig de 2016

Pablo, gracias pero no

No sé si el PSOE mejoraría los resultados obtenidos en las pasadas elecciones del 20 de diciembre, aunque yo apostaría que no, pero lo que sí tengo claro es que difícilmente mi voto incrementaría su base electoral si se convirtiese en eso que Podemos define como “confluencia” porque, al fin y al cabo, eso es lo que persigue este partido, que cada una de las diferentes sensibilidades que conforman la izquierda de este país renuncie a su brillo propio, que todas lo tienen, y se convierta en un mate satélite girando en torno al partido propiedad de Pablo Iglesias.
 
Como he afirmado en alguna otra ocasión, en las elecciones de ámbito supramunicipal yo voto por coincidencias y convicción, siendo crédulo con el programa electoral que presenta la opción política por la que apostaré, y sabiendo que será después cuando, si es necesario, buscarán también las máximas coincidencias con el resto de partidos para conseguir gobernar de manera estable.
 
Asimismo pienso que todas las opciones políticas que concurren a unos comicios electorales lo deben hacer con la certeza de poder ganar o, como mínimo, de poder incidir de manera significativa en la gobernabilidad, pues deben estar convencidas, al igual que lo están sus votantes, que su propuesta es la que responde a los intereses colectivos.
 
Y quiero pensar también, aunque no sería descabellado pensar lo contrario, que nadie concurre sabiendo que va a perder, y que nadie lo hace (o no debería hacerlo) habiendo acordado previamente pactos posteriores, porque si es así, sería mucho más honrado su presentación con un único programa electoral.
 
Pero como los resultados permiten hacer interpretaciones varias, ahora mimetizamos lo que queremos interpretar como voluntad del pueblo con la aritmética representativa, y de manera perversa nos posicionamos con propuestas que, entiendo, van en contra del sentido común y de la regeneración democrática que debe impulsar la recuperación de la confianza en la política, porque ahora se proponen candidaturas unitarias donde confluyan diferentes partidos pero, asombrosamente, posibilitando que cada uno de ellos pueda hacer campaña propia con propuestas diferenciadas.
 
Si es así, me pregunto qué y a quién votaré cuando el próximo día 26 me encuentre frente a la urna, porque siendo consciente de que las políticas que hasta ahora ha aplicado el PP en detrimento de los intereses de la sociedad deben eliminarse (y que parece ser que es el único argumento en el que coincide toda la izquierda), no es esta la única propuesta que daría sentido y decantaría mi voto, pues sería tanto como dar un cheque en blanco y confiar en un buen sentido y buen hacer de los candidatos, algo de lo que no han hecho gala durante estos últimos cuatro meses.
 
Y porque sería tanto como decir que todos los partidos denominados de izquierdas pueden llegar fácilmente a ententes y cohabitar para desarrollar programas de Gobierno, afirmación que la experiencia nos dice que no responde a la realidad, pues no todos lo partidos de izquierdas tienen la misma visión de cómo deben actuar las izquierdas.
 
Creo que el “no gracias” de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias, declinando la invitación de conformar candidaturas conjuntas en el Senado, es totalmente lógico pues el PSOE debe  liderar la izquierda de este país, como paso previo e indispensable para que la izquierda lo gobierne.
 
 
 

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