dilluns, 18 d’abril de 2016

La Trailwalker “de” SFG

¿Por qué no íbamos a ser capaces de convertir Sant Feliu de Guíxols en la meta de la segunda Oxfam Intermón TrailWalker?
 
Sant Feliu tenía (y tiene) un equipo técnico con capacidad demostrada. Sant Feliu tenía (y tiene) un volumen de voluntariado digno de envidia. Sant Feliu tenía (y tiene) la infraestructura suficiente. Y Sant Feliu tenía un Gobierno Municipal que, consciente de la importancia que para la ciudad tenía (y tiene) acoger un acontecimiento como este, aportaba toda la ilusión y voluntad para hacerlo realidad.
 
Y por eso asumimos el compromiso, y aquella propuesta del Vicealcalde Pere Albó fue rápidamente asumida por la entonces Regidora (y hoy participante) Magda Lupiañez, que liderando el magnífico equipo del Área Municipal de Esports encabezada por su responsable Xavi Giró, hizo realidad un éxito contrastado del que hoy podemos enorgullecernos, pues la TrailWalker Olot-Sant Feliu de Guíxols es un recorrido totalmente consolidado, quedando ligado este acontecimiento a la ciudad al poder afirmar que la trailwalker no solo llega, sino que es de Sant Feliu.
 
Nada comparable con la posibilidad de sufrirla y/o gozarla recorriendo sus 100 kilómetros, pero puedo asegurar que vivir la TrailWalker desde fuera, como he hecho como Regidor y pequeño colaborador durante 4 ediciones, ha sido una experiencia inolvidable, pues me ha hecho conocer el espíritu solidario que representa participar en un prueba que me niego a calificar como deportiva, sino como una muestra de esfuerzo y superación para contribuir solidariamente a favor de una causa justa.
 
He visto a personas gritar de dolor, prácticamente arrastrándose en la línea de meta; y personas llevadas en volandas porque eran incapaces de dar un paso más; y personas que han llorado y reído de dolor, de alegría y de satisfacción.
 
Y también he reído, gritado y, por qué no decirlo?, también he soltado alguna lágrima con ellos. Aún recuerdo la llegada “alegremente llorosa” de Verónica Lahoya en su primera participación que, como dos tótilas, compartimos la Julia Vendrell y yo, situación que se fue  repitiendo año a año.
 
Dudo que algún día se me pueda colgar la etiqueta de participante y abandonar la de simple espectador, pues con toda seguridad me limitaré a seguir sintiendo envidia de los centenares de personas, que con 100 kilómetros de solidaridad en sus piernas, son los únicos que merecen tener todo el protagonismo mediático.
 
 

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