dilluns, 25 d’abril de 2016

Elecciones Sindicales APB. Reflexiones desde la "morriña"

Poder ver desde otra perspectiva el desarrollo del marco de relaciones laborales que se vive en el Puerto de Barcelona, me hace sentir una pequeña añoranza de aquellos años en que mi actividad sindical se centraba, sobre todo, en el ámbito de esta empresa.
 
Si bien es cierto que el tiempo pasa de manera inexorable el escenario es prácticamente el mismo, pues aunque haya sufrido modificaciones en ubicación y en mecanismos en la tramoya, no se reflejan grandes cambios ni en el guion ni en el elenco de actores que han de interpretarlo, por lo que las diferencias se centran, sobre todo, en las formas y en los modos.
 
Formas y modos  pero, de manera muy especial, actitudes de unos sindicatos que, de manera harto incoherente, han convertido en enfrentamiento inter-sindical sus diferentes visiones de cómo dar respuesta a las inquietudes de los trabajadores, mostrando sus vergüenzas ante quien menos deberían mostrarlas, es decir, ante lo directivos que capitalizan el concepto de empresa.
 
Porque ante la mal auto denominada empresa (soy de los que pienso que empresa somos todos), el éxito reivindicativo de los trabajadores pasa por posicionarse ante la “empresa” como interlocutores con posiciones uniformes, haciendo aportaciones que si bien no tienen por qué ser planteamientos monolíticos, sí deben plantearse desde un consenso fruto de las diferentes  visiones sindicales pudiendo asegurar, desde la experiencia, que los “buenos empresarios” también desean esta manera de actuar.
 
No creo que sea necesario manifestar públicamente mi posicionamiento ante las Elecciones Sindicales en la Autoritat Potuària de Barcelona, pues después de 30 años de militancia en la UGT, de haber asumido diferentes responsabilidades y de tener algunas discrepancias, huelga decir que no está en mi mente dar un giro que implique un cambio significativo de posición. Pero no por ello renuncio a ser crítico, también con mi UGT, pero sobre todo con aquellos sindicatos que poniendo precio a la acción sindical prostituyen un mal utilizado sindicalismo de clase.
 
Y ratificándome en ese sentimiento de morriña al que antes aludía, quiero recordar una anécdota que he utilizado muchas veces, y que es el ejemplo de cómo debe afrontarse la acción sindical.
 
Fue a finales de los 80 cuando la Autoritat Portuària de Barcelona comenzó a afrontar uno de sus cambios más significativos pues, bajo la consigna de que el “Puerto debería girar para dar la cara a la ciudad”, se pretendía modificar todas las estructuras, tanto físicas como de gestión, que eran las que afectarían muy directa y profundamente a los trabajadores y trabajadoras de la APB.
 
No había vuelta de hoja, y si los trabajadores de la APB no jugábamos bien nuestras cartas y no nos adelantábamos a ese proyecto en defesa de nuestros intereses, las consecuencias podían ser irreparables.
 
Recuerdo estábamos en las puertas de Magistratura del Trabajo de Barcelona, Manuel Badía, como responsable de CCOO hoy desaparecido, y yo como responsable de UGT, tomando un café a la espera de entrar a declarar en favor de una trabajadora de la APB.
 
Allí comentamos la situación que se iba a dar en el puerto, buscamos las coincidencias y pusimos las bases para negociar lo que había de ser el traslado y transformación de los talleres, la creación de urgencias, el “éxodo” hacia el Tramo VI, etc., cuestiones todas ellas que también permitieron avanzar en otros avances sociales pero que, a la vez, impidieron la desaparición de algunos de ellos.
 
Y puedo asegurar que en el inicio de esas negociaciones, UGT y CCOO tenían posiciones diferentes, pero la postura ante la dirección de la empresa dejaba claro que los sindicatos de clase, desde la unidad de acción, no íbamos a renunciar ni vender nuestros derechos, y que a pesar de las intenciones, íbamos a luchar por mantener por mantenerlos como tal, como derechos adquiridos.
 

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