dijous, 4 de febrer de 2016

A mayor cabreo de Iglesias, mejor valoración de Sánchez

Cabreado como una mona!. Eso es cómo demuestra estar Pablo Iglesias por la decisión que ha tomado Pedro Sánchez de dialogar con todos los partidos del arco parlamentario, arrebatando a Podemos la exclusividad que se había arrogado, al declararse como único garante para alcanzar un acuerdo de gobernabilidad.
 
Pablo y los suyos se habían disfrazado de caramelo con sabor agridulce, y ubicados estratégicamente ante una puerta de Ferraz o de la Carrera de San Jerónimo, se ofrecían para recibir alguna “chupadita” de todos, menos del PP y C’s,
 
Pero se equivocaron, y su estrategia basada en la creencia de que eran imprescindibles se ha resquebrajado en mil pedazos, y les ha obligado a retomar posiciones diferentes, aparentemente más suaves, aunque sin poder esconder su resabiada frustración, que les sigue haciendo caer en el insulto y la prepotencia.
 
Ahora no les queda más que mostrarse totalmente fuera del envoltorio, sin ambages ni tapujos, enseñando que realmente ese agridulce sabor que ofrecían se debía a una especie de  acíbar que, como les ocurre a los niños con sus uñas, después gusta y casi se convierte en adictivo.
 
Chupas o no chupas; conmigo o contra mí. En eso ha quedado la estrategia de Podemos, eso sí, desde esa falsa generosidad de la que alardea, olvidándose que únicamente puede ser generoso quien tiene la posibilidad de dar, y que en este caso Pablo Iglesias ha tenido la arrogancia de “exigir” a cambio de lo que, en teoría, era el único que podía dar, y que ahora se ha demostrado que no tiene.
 
Sinceramente me alegro de la actitud de Pedro Sánchez, acotando aquellos posicionamientos inaceptables que darían la razón a quienes lo acusaban de “querer acceder a la Moncloa a cualquier precio”, negándose así a someterse a esos que aspiraban a ejercer de chulo a la vez que de meretriz y, aunque el aposento no fuera suyo, cobrando también la cama,  queriendo prostituir un Gobierno encabezado por él.
 
Sigo pensando que Pedro Sánchez lo tiene harto complicado para conseguir un pacto para  conformar un Gobierno estable, y que le sería mucho más fácil alcanzar un pacto de gobernabilidad que le permitiese aplicar las políticas sociales y económicas que los ciudadanos necesitamos.
 
Pero para ello se debería apelar a la responsabilidad de los diferentes partidos políticos, y centrar la negociación en ese “para qué” con el que Pedro Sánchez basa el inicio de las negociaciones, acompañado del “qué y el cómo”, eliminando cualquier elemento que aluda al “quién”, en clara demostración que el tacticismo ha quedado relegado al último lugar de prioridades.

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