dijous, 10 de desembre de 2015

El albero TLC

No eran hermanos de camada, aunque sí de la misma ganadería coquiana, tal y como indicaba la ostentosa divisa de la que hacían gala.

Pero él destacaba sobre los otros cinco morlacos, sobre todo por su pelaje jabonero que, por no calificarlo de repelente, podríamos ubicarlo entre el albahío y el anteado, que adornaba su testuz que anunciaba un perfil altamente acarnerado.

Su lámina no era nada apreciable, viéndose en la obligación de demostrar su más que escaso trapío con exagerados movimientos de arboladura que, acompañados de bramidos eran seguidos también por los berreos de sus astados compañeros, en claro asentimiento de que estaban bajo su liderazgo, aunque su aculamiento era  muestra latente de la nula nobleza que atesoraban los seis.

Estaba convencido que enfrentarme a esos seis bichos a la vez iba a ser complicado, pues sabía que los toros chaqueteados tienen como arma ya experimentada el achuchamiento, pero a la vez tenía constancia que ni uno solo de ellos era lo suficientemente valiente como para actuar de cara, ya que eran simplemente maulones a pesar de su cornamenta, porque de cuernos sí había un amplio muestrario, pues entre ellos los había astigordos, astifinos, despitorrados, bizcos, astillados y hasta uno afeitado, con la única finalidad de conseguir una cogida que provocase más daño en posible herida.

Yo no quería sangre, y así se lo comuniqué al manso que los acompañaba, pero en seguida me di cuenta que el cabestro al que habían delegado el control del grupo, no tenía ninguna ascendencia sobre ellos, y no iba a lograr que lo siguiesen.

No es que yo estuviese bien asistido por el monosabio que me habían asignado; y quizás en algún momento hubiese sido más llevadera y fácil la faena habiéndome auto ayudado, pero tal y como tenía previsto los toros entraron en fase de aplomamiento y a fin de no caer en la ridiculez de la falta de bravura, optaron por dar media vuelta y salir de ese albero de fórmica en el que en algunos momentos se convierte el TLC,  y dirigirse de nuevo a los cajones a amosquilarse, y presumiendo de bálano aunque sin enseñarlo, seguir lanzando bramidos y cabeceos a manera de amenazas que, al final, y después de sucesivos intentos y provocaciones, quedaron en nada.


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