dimecres, 18 de novembre de 2015

Debemos controlar y/o eliminar el monstruo

Es cierto que la violencia engendra violencia, y que el ojo por ojo deja, como mínimo, tuertos, si no ciegos, pero me pregunto si es justo que a quien se satanice y tilde de violento sea a quien responde al ataque violento con violencia, y no a quien la genera.
 
La verdad es que no se si la respuesta violenta, aunque esté enmarcada dentro de la legitimidad belicista de un estado de derecho, es el arma más efectiva para luchar contra el terrorismo, pero de lo que estoy seguro es que cualquier acción para combatir las acciones de esos asesinos debe ser contundente y rápida pues, el paso del tiempo posibilita y facilita que los terroristas puedan ir aumentando el número de muescas grabadas en las culatas de sus Kalashnikov, a razón de una por asesinado.
 
Lo que no cabe duda es que nos tienen en permanente estado de alerta, chantajeados por un miedo que alimenta ese odio latente que se incrementa contra aquellos que nos obligan, a la fuerza, a modificar nuestra rutina cotidiana.
 
Y no seré yo quien desee una acción bélica, sino todo lo contrario, pero debo reconocer que prefiero una declarada acción de guerra contra estos asesinos, que la aquiescencia y sumisión hacia ellos, con la falsa esperanza de que atiendan a razones, cambiando explosivos por diálogo.
 
Tal como dice Risto Mejide en un artículo en El Periódico, somos culpables de haber alimentado un monstruo, pero no por ello debemos entonar el “mea culpa” y tolerar que el monstruo actúe a sus anchas. Es nuestra responsabilidad controlarlo y, por qué no?, eliminarlo, evitando así que se perpetren bestialidades como la que provocaron 129 muertes inocentes en París, o los 193 el 11 de marzo de 2004 en Madrid, o los 3000 de 11 setiembre de 2001 Nueva York.
 
Son muchos asesinados, y me niego a considerarlos como daños colaterales de un enfrentamiento absurdo en el que la sociedad debe asumir su responsabilidad, i con decisión y celeridad, decidir cómo rectificamos y controlamos o eliminamos el monstruo que hemos permitido crear y que seguimos alimentando con raciones de odio.
 

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