diumenge, 18 d’octubre de 2015

Reformar la reforma

Como no cambien mucho los planteamientos, debo reconocer que se me va a hacer muy cuesta arriba atender a mi “deber” de ir a votar el próximo 20-D porque si bien es cierto, como he dicho en más de una ocasión,  que no lo haré por “descarte” sino por “coincidencia”, (votar por aquella opción que plantee propuestas más acordes con mi visión en el ámbito estatal), no es menos cierto que a medida que se acerca esa fecha se complica mi decisión, pues los partidos comienzan ya a driblar sus compromisos electorales a fin de contentar a todos, diciendo y prometiendo aquello que su interlocutor en un momento y lugar determinado quiere oír.

Y como es imposible contentar y responder a todos los intereses, es lógico que se desencadene la frustración.

No soy bisoño ni ejerzo de alma de cántaro, aunque en alguna ocasión quisiera hacerlo para no perder mi capacidad de sorpresa; y puedo afirmar que a la “promesa” pública de derogar inmediatamente la Reforma Laboral que hizo el PSOE le di la credibilidad que merecía, muy poca; más aún cuando la patronal (CEOE) presentaba hace unos días, su “propuesta electoral” de 15 puntos, en las que tienen gran protagonismo el mercado del trabajo y las relaciones laborales. 

Pero claro, una cosa es que se suavice la propuesta para no provocar más heridas de las necesarias, y otra asumir sometimiento y sumisión al reconocer que no hay “derogación” sino una “reforma de la reforma”, lo que no deja de ser una nueva declaración de intenciones que, a la postre y como siempre, desemboca en poco positivo.

Porque “reformar la reforma” no creo que sea el punto de partida, sino que en todo caso y como reconocido punto de partida, la voluntad debería ser derogar esa nefasta “reforma laboral”, que únicamente ha generado precariedad, y a partir de aquí poner en marcha un proceso de negociación que se traduzca en un marco de relaciones laborales acorde a las necesidades reales, y a un nuevo Estatuto de los Trabajadores como plantea el PSOE, pero dejando al margen de cualquier protagonismo inicial y coactivo el tiempo de negociación, las indemnizaciones por despido y el menosprecio a la huelga, que son los tres elementos que también el PSOE ha puesto encima de la mesa.

Los trabajadores hemos “sufrido” con el PP, pero también con el PSOE, y ahora podría ser el momento dulce para recuperar la credibilidad que a lo largo del tiempo se ha ido perdiendo, pero parece que no tienen la voluntad de hacerlo. 

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