dijous, 1 d’octubre de 2015

Imputación de Mas. ¿Justa?

No es que no lo entienda, sino que no quiero entenderlo, porque son aquellas paradojas que ponen en entredicho el sentido común de los catalanes, porque aquí no se trata de valorar ni ideologías ni posicionamientos, sino del empeño de estereotipar a la sociedad catalana como comprensiva y tolerante con hechos que, en otro momento y protagonizados por según quien, merecerían la condena más enérgica.
 
Es cierto que no es el mejor momento para que se haga efectiva la imputación de Mas por los hechos de 9-N. Casi me atrevería a afirmar que esa imputación debería haberse evitado políticamente, pero no fue así, y la acusación contra el entonces President de la Generalitat, hoy en funciones, es un hecho, y en clara demostración i vindicación de la independencia de poderes, nadie con responsabilidad política debería pedir que el Gobierno del Estado evitase la declaración judicial el 15 de octubre.
 
Y menos el propio President, que exigiendo que se vulnere un sistema legal que él mismo se ha comprometido a defender en las diferentes ocasiones en las que ha debido jurar su responsabilidad, que han sido muchas, estaría incitando a la prevaricación.
 
Lo grave es el chantaje irracional que se está llevando a cabo, intentando utilizar como escudo, a la vez que como arma arrojadiza, a una parte importante de la sociedad, asumiendo Mas la figura de único paladín imprescindible que permitirá conseguir una por algunos reivindicada, independencia.
 
Sigo pensando que no es más que una burda pero sibilina maniobra orquestada y que, utilizando el castellano o el catalán independientemente, se sigue tomando café en la intimidad, no para solucionar el supuesto “problema catalán”, sino para justificar alguna acción que lo controle. Aunque también creo que se les ha ido de las manos, que sus cálculos han sido erróneos y que han ido apareciendo nuevos elementos que cuestionan la legitimidad de los actores, presentando dudas sobre su propia honorabilidad que frena posibles connivencias estratégicas con terceros, por ser este un tema muy sensible.
 
Acciones delictivas, que no por confesas dejan de ser graves por haberse llevado a cabo por personas de prominente protagonismo político en Catalunya, así como las diferentes investigaciones judiciales de presuntos casos de corrupción, que día sí y día también aparecen en la prensa (hoy mismo un nuevo suceso), están intentando que sean silenciadas por los gritos de la propia sociedad, reclamando un cambio de modelo de estado al que las urnas tampoco han avalado con suficiente contundencia, cosa que ha desarmado a uno y a otro.
 
En absoluto afirmar si la imputación es justa políticamente, en todo caso parece que responde al procedimiento judicial, pues no se imputa al President Mas por defender la democracia al colocar urnas en la calle, como torticeramente se intenta ahora vender, sino por desobedecer y utilizar dinero público para llevar a cabo una acción ilegal y expresamente prohibida.
 
 

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