divendres, 2 d’octubre de 2015

Están rozado el esperpento

Imagínense lo que he visualizado mentalmente cuando, de manera compungida pero harto vehemente, un locutor de radio hacía apología de la confrontación contra todos aquellos que no apoyasen explícitamente la independencia de Catalunya.
 
Es cierto que  al tratarse de una de esas emisoras adictas al “régimen” (que no del  “régimen”), ya cabe esperar que la información que transmitan pueda ser sesgada y responda a los intereses de sus “patrocinadores”; pero es que el programa era deportivo y trataba temas relacionados con el Barça!.
 
Ya resulta cansino y preocupante que los medios de comunicación prioricen como titular de cabecera, día sí y día también, todo lo que rodea al soberanismo catalán, así como las maniobras que unos y otros están llevando a cabo para deslegitimar las posiciones contrarias a sus tesis, pero lo realmente vomitivo es la falta de rigor y los intentos de manipulación que algunos profesionales de la información están aportando al tema.
 
Hoy el periodista en cuestión ha llegado a afirmar que la FIFA va contra el movimiento independentista de Catalunya, aunque después ha matizado más, afirmando que ese organismo internacional de futbol y sus dirigentes están trabajando contra Catalunya, como si los que no creemos en una Catalunya independiente no fuésemos catalanes ni merecedores de ser culés.
 
Lo que ha seguido a la crónica compartida entre los dos o tres participantes en el programa ha sido rayano al esperpento, utilizando tantas  absurdas piruetas y filigranas argumentales que, a mi entender, únicamente les ha llevado a auto ridiculizarse ante todos aquellos que, al igual que yo y por una cuestión de señal de recepción, solo podemos “sufrir”  la compañía de esa emisora o, paradójicamente, de la otra perteneciente al “otro clero”.
 
En mi mente se ha formado la imagen de esos periodistas disfrazados de Teletubbi, pero con diferente cubrimiento de cabeza que los originales,  que con el objetivo de despertar lástima reivindican abrazos de manera compungida y quejosa diciendo aquello de que “nadie me quiere”, en clara demostración de que es el victimismo el principal alimento que permite la supervivencia de los movimientos nacionalistas.
 
Compraré una nueva antena de radio, a ver si puedo ampliar el campo de recepción de emisoras.
 

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