dimecres, 19 d’agost de 2015

Simplemente como catalán!.

Nos tratan como a idiotas, insultando nuestra inteligencia y intentando jugar con la buena fe de todos los catalanes, haciendo efectivo un latrocinio a la altura de un campanario, adueñándose de algo que no es suyo, o no solo suyo, como es el orgullo que representa manifestar la catalanidad el 11 de septiembre, Diada Nacional de Catalunya; porque intentar capitalizar la Diada no es otra cosa que hurtar, imponiendo una marginación que sólo se puede legitimar desde un mal ejercicio del poder.
 
Y lo hacen con la bendición de las autoridades que, con esta actuación sectaria, demuestran que han renunciado a representar a todos los que deberían representar.
 
Por un lado dicen que el acto central del Via Lliure en la Meridiana de Barcelona es de todos, que cabemos todos. Que no es un acto electoralista, de ningún partido o lista electoral, y en cambio manifiestan que aspiran a que sea la “mayor insubordinación democrática al Estado”, como si fuese posible justificar la insubordinación con un pretendido ejercicio de lo que interpretan como democracia.
 
Ya sé que no les importa; que su único objetivo es la ruptura externa y que hacerla efectiva pasa por rompernos internamente, marcando una línea no imaginaria, sino real, que colocará en un lado u otro a los catalanes.
 
Quieren que el 11 de septiembre sea solo de ellos, de los únicos que ellos consideran como buenos catalanes, no de los que siendo buenos catalanes, tanto como ellos a mi modo de entender, no visionamos Catalunya del mismo modo, y que cualquier celebración en torno a la Diada Nacional de Catalunya quieren que sea interpretada como un canto homogéneo a la independencia, aunque sea una falsedad.
 
Si los catalanes queremos demostrar que realmente estamos orgullosos de ser catalanes, y que la independencia, aún siendo una opción legítima aunque no la comparta,  no es la única que puede contemplarse como ordenación de estado, no podemos permitirnos muestras de fuerza y beligerancia hostil contra nosotros mismos.
 
Puedo asegurar que para la mayoría de aquellos que en su momento, hace casi 40 años, salíamos a la calle a exigir “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”, la independencia no era la reivindicación que nos hacía enfrentarnos a las fuerzas de seguridad del Estado y jugarnos la libertad que exigíamos; y ahora sería casi orgásmico que este 11 de septiembre se convirtiese en una manifestación masiva, homogénea y monolítica de catalanidad, donde únicamente ondeasen senyeres, como elemento aglutinador y común denominador del sentimiento de todos los catalanes.
 
Lamentablemente soy consciente de que no será así y que la Via Lliure, que no será una marea humana (este año blanca), pero que sí tendrá una afluencia masiva a pesar del miedo al fracaso que dicen tener los organizadores, no será más que un acto electoral, aunque aún no haya comenzado la campaña, de apoyo a una de las candidaturas que participarán en los comicios del 27-S.
 
Pero eso no impedirá que siga celebrando el 11 de setiembre, aunque sea en la intimidad de mi círculo familiar y de amigos, evitando no ser contabilizado como independentista, y a pesar de mi conocida fobia hacia las banderas, me estoy planteando hacer gala de mi catalanismo presumiendo públicamente de una senyera no adulterada.

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