dimecres, 19 d’agost de 2015

Hipocresía ante el maltrato animal

De verdad, soy de aquellos que no haría mal a una mosca. Bueno, no es cierto; a una mosca, sobretodo si es cojonera, la finaba directamente, del mismo modo que haría con un mosquito.
 
Declaro ser muy beligerante contra el denominado “maltrato animal”, aunque reconozco que en algunos casos mi concepto de “maltrato animal” difiere del que tienen algunas personas de las llamadas animalistas que, confundiendo el uso y el abuso, llevan su intolerancia a límites que yo creo perjudican a los propios animales que quieren defender.
 
No voy a entrar a valorar ni debatir si hay animales que hemos ayudado a “mutar” con objetivos determinados, y si se debe preservar y/o respetar el objetivo para el que la humanidad los sigue manteniendo, ya que siendo un debate interesante a la vez que importante, creo debería afrontarse con mucha seriedad y en otros foros.
 
Pienso que la urgencia es determinar qué debe ser considerado como “maltrato” intolerable y por lo tanto punible, y acotar la definición de la verdadera crueldad sin frivolizar con ella, marcando pautas para obligar a respetar los derechos de los animales, ¡que los tienen!, más allá de condenarlos a una morbosidad existencial por tener como único objetivo la preservación de la especie.
 
Lo que me molesta sobre manera es la hipocresía que rodea ciertas acciones y manifestaciones llevadas a cabo en la lucha contra el maltrato animal, y que se enmarcan en esa aparente intolerancia a la que antes aludía, políticamente correcta pero que contrasta y es desacorde con la actitud habitual de algunas personas declaradamente defensoras de los animales.
 
Todavía recuerdo cuando, siendo Regidor de Sant Feliu de Guíxols, se aprobó una moción prohibiendo las actuaciones circenses que utilizasen animales. Voté en contra porque creía, y creo y así lo argumenté, que debe perseguirse i sancionar al maltratador, y no cerrar los ojos a la realidad basándose en aquello de que “ojos que no ven…”
 
Y siendo consciente de que el problema es poner los límites a la consideración de maltrato, lo que debía obligarse es que los animales que participen en según qué espectáculos autorizados, fuesen tratados sin ningún atisbo de crueldad.
 
Pero lo que en aquel Pleno Municipal donde se aprobó esa moción me sacó de mis casillas fue que, en un municipio vecino a escasos 5 quilómetros, un circo ofrecía espectáculos con domadores y animales “salvajes”, y políticos locales que habían defendido con manifiesta vehemencia esa moción, tenían en el bolsillo las entradas para “disfrutar” con sus hijos de un espectáculo similar al que estaban condenando. Según uno de ellos, “un circo sin animales no es circo”.
 
Estos días muchos se ponen la mano a la cabeza, lamentado la muerte de un caballo que en Barcelona se utilizaba para tirar de un carruaje turístico. La prensa recoge opiniones de todo tipo que, basadas en acusaciones de maltrato, aportan soluciones de lo más variopintas, tales como dotar de motor a los carruajes, lo que implica eliminar ese vehículo típico de la Rambla barcelonesa y que yo en el paisaje barcelonés habitualmente.
 
Sin ir más lejos, comentaba con un compañero de trabajo este hecho y, manifestando que él había visto al caballo en el suelo, condenaba que se utilizase al animal para ese negocio. En cambio no le parecía mal que esos carruajes se utilicen es Sevilla, por ejemplo. Según él, es típico de allí y forma parte de su cultura. De hecho afirma que ha sido usuario. ¿Hipocresía?
 
Tengo un amigo que uno de sus amores son los perros, y en su casa tiene dos o tres que, como yo a veces le digo, cuida y trata mejor que a sus allegados. Yo lo he visto llorar ante alguna imagen de crueldad. Pero sus perros hacen de todo. Saltan, se hacen el dormido, bailan, Vamos, ¡un espectáculo de circo!. A los perros les ha costado castigos y broncas hasta que han conseguido seguir las órdenes del amo. ¿Hipocresía?
 
En Euskadi se celebra una fiesta que se llama algo así como una burrada, que no es otra cosa que sacrificar, cocinar y comer un burrito. Tengo que decir que el asno está criado para este menester. En esa fiesta participa como mínimo una persona que yo conozca, defensora a ultranza del burro. ¿Hipocresía?
 
¡Qué crueldad como ceban las ocas para hacer paté! En su último viaje a Francia me trajo varias muestras de esa magnífica vianda! ¿Hipocresía?
 
Qué me dicen del atún de almadraba, pescado con una técnica en teoría cruel. Pues tengo un conocido, animalista muy activo, con el que he compartido mesa i mantel con este atún más de una vez. ¿Hipocresía?
 
Y ya no hablo de aquel que, opositor empedernido de las corridas de toros, era cliente (no sé si aún lo es), de aquella parada del mercado de la Guinagüeta que sólo vendía toro de lidia. ¿Hipocresía?
 
Realmente hay gente comprometida con la lucha por los derechos de los animales donde la hipocresía no tiene cabida, y aquí me permito la licencia de actuar de manera localista y destacar, por ejemplo, labores como la que realizan Galgos 112 o Progat, que sí se mueven por los derechos de los animales, aunque podamos diferir der algunos conceptos que marcan los límites del maltrato o/y la crueldad.
 

1 comentari:

  1. Bueno, yo podría explicarte la extrema hipocresía de mi cuñada, super amante de los animales, que mientras comparte en facebook imágenes a favor de la adopción de mascotas, cuando el perro es para ella se gasta un pastón en un perro de "raza". Ese perro se murió, al tiempo que mi perra (una "mil leches" adoptada que es un poquito golf ulla y se echó un novio en el camping a escondidas)paría ni más ni menos que 12 cachorros, que yo tuve que amamantar con biberones (ella no desarrolló leche) y regalarlos, pues yo no podía tener 13 perros en casa. Así que decidí regalarle un cachorrito a mí cuñada, pues quién mejor que ella para cuidar de mis cachorros que necesitaban AYUDA Y HOGAR. Pues sabes qué hizo?, rechazó el perrito, y un mes más tarde se compró un Dogo Alemán.
    Por tanto, hipocresía animal?, mucha!.
    Saludos

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